La dificultad de demostrar el mobbing
Carlos fue víctima de acoso escolar en primaria y ESO. Sufrió vejaciones continuadas y maltratos de sus compañeros de clase durante mucho tiempo. Fue víctima de actos traumáticos, como ponerle una bolsa de plástico en la cabeza y tirarlo por las escaleras. El daño psicológico reiterado le dejó secuelas graves que, muchos años después, todavía sigue arrastrando.
La historia de Carlos es una de las muchas que recibe la Asociación No al Acoso Escolar, según afirmó su presidente, Javier Pérez Aznar, durante la Jornada sobre Mobbing, organizada el pasado 14 de junio por el Instituto de Probática y Derecho Probatorio de ESADE.
La jornada, que tuvo lugar en la Facultad de Derecho de ESADE, reunió a expertos que expusieron cómo detectar y hacer frente al mobbing escolar, laboral e inmobiliario.
El acoso escolar, un enemigo invisible
"Los suicidios de los menores Jokin, Mónica y Carla han aumentado la sensibilización y el número de demandas sobre los casos de mobbing escolar. Aun así, el acoso ha experimentado, lamentablemente, una tendencia al alza en los últimos años. Las políticas de prevención que se están haciendo no están surgiendo efecto", advierte Pérez Aznar.
En España, uno de cada cuatro niños y niñas sufre acoso escolar. Las consecuencias de este acoso ―a menudo, una amenaza silenciosa― pueden dejar secuelas graves y, en ocasiones, incluso irreversibles. En la actualidad, el 20 % de los pacientes que acuden a una consulta psiquiátrica han sido víctimas de acoso escolar en el pasado.
"Carlos no era alumno mío, pero estuvimos en el mismo instituto. El gran problema del acoso escolar es detectarlo, porque no se ve. Siempre sucede cuando los profesores no están presentes", alerta Carmen Cabestany, profesora y secretaria de la Asociación No al Acoso Escolar. "Es muy difícil que los profesores podamos detectarlo y, si lo logramos, el problema es que los dos siempre lo niegan, porque la víctima está bajo amenaza."
Los testigos, pieza clave en el proceso
Demostrar un caso de cyberbullying es relativamente fácil, pero demostrar un caso de acoso en las aulas es mucho más complicado, porque a menudo no hay pruebas. Según Cabestany, "la prueba clave para demostrar que el acoso existe son los testigos. El problema es que los testigos también tienen miedo".
Cabestany señala que las cifras de acoso escolar son más elevadas en primaria que en secundaria, y que es en primaria dónde tiene que empezar a prevenirse y han de promoverse políticas de intervención para evitar el acoso.
"Cuando hablas con un director, la mayoría de las veces su respuesta es negar que en su centro exista acoso. Pero, lamentablemente, muchas veces sí que existe; el problema es que está oculto. Nuestro gran desafío es demostrar que ese acoso existe, porque solo cuando reconocemos su existencia es cuando podemos empezar a buscar soluciones", afirma Pérez Aznar.
El mobbing laboral
El objetivo del mobbing laboral es destruir de manera sistemática la estabilidad psicológica de la persona y arrastrarla a una posición de indefensión. "La persona que inicia el acoso tiene un objetivo muy claro para elegir a su víctima y dañarla", explica Marina Parés Soliva, presidenta del Servicio Europeo de Información sobre el Mobbing.
El mobbing en el ámbito laboral puede darse también en organizaciones con muy buenas prácticas. La diferencia, según Parés, es que en este tipo de organizaciones es más fácil evitar que estas conductas agresivas continúen en el tiempo una vez detectadas: "Si el resto de compañeros que presencian el acoso no lo permiten, el mobbing no prospera".
Demostrar el acoso laboral no es fácil. Uno de los obstáculos que puede retrasar su detección es el nivel de resistencia de la persona que está siendo atacada. "La víctima puede tener un nivel de resistencia personal muy fuerte, que puede hacer que incluso agresiones muy violentas presenten pocas manifestaciones", afirma Parés.
Por su parte, Mar Aldeano Martín, asesora del Síndic de Greuges, destaca que la institución recibe numerosas quejas de acoso por parte de empleados públicos e insiste en la importancia de detectarlo a tiempo para proteger a los trabajadores: "El acoso laboral es un riesgo que tiene que prevenirse, y la Administración Pública debe proteger a los trabajadores frente a este tipo de riesgo". Según Aldeano, aunque la Generalitat dispone de un protocolo de actuaciones para prevenir estas situaciones, la realidad es que no está siendo efectivo y por esto está en proceso de revisión.
Otras dificultades para demostrar el acoso en el trabajo incluyen desde encontrar los mecanismos para distinguir el acoso del estrés y las exigencias profesionales hasta determinar quién es el trabajador que está actuando como agresor; saber diferenciar un falso acoso de uno real; detectar a los testigos falsos, e identificar a los "simuladores conscientes", que persiguen un beneficio económico.
El mobbing inmobiliario
Llamadas telefónicas a altas horas de la madrugada, cortar el agua o la electricidad sin previo aviso, negarse a cobrar los recibos, difundir rumores falsos como un posible desahucio o acusar a los inquilinos ancianos de que se lo inventan son algunas de las agresiones que reciben los vecinos que están sufriendo mobbing inmobiliario.
El acoso inmobiliario para intentar echar a los inquilinos de una vivienda es una práctica que, aunque recurrente, también es difícil de probar, puesto que muchas de las amenazas no son demostrables en un juicio.
"El agresor siempre niega la realidad del ataque e intenta alegar que el inquilino tiene problemas de convivencia. El acoso inmobiliario acostumbra a hacerse a través de terceros, no directamente desde la agencia o el propietario", explica Parés. "Pueden darse casos en los que la inmobiliaria alquile otros inmuebles a personas que les hagan la vida imposible, u otros como empezar unas obras y dejarlas apuntaladas durante años sin hacer nada, con el riesgo de poder provocar accidentes a la larga."