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El desafío de León XIV al mundo empresarial

Expansión | | 6 minutos de lectura

El pasado 25 de mayo se publicó en todo el mundo la encíclica Magnifica Humanitas (Humanidad Magnífica), la esperada reflexión del Papa León XIV sobre la Inteligencia artificial (IA). Recordemos que estamos hablando de un documento programático, no solo porque sea la primera encíclica de este Papa, sino porque él ya había anunciado en su momento de elección como máxima autoridad de la Iglesia católica que esta cuestión probablemente sería la más relevante de su pontificado.

El Papa explica que la IA es más que una nueva disrupción tecnológica en el campo económico, porque tiene el potencial de cambiar el conjunto de la sociedad. Como ejemplos, cita la comprensión de las relaciones laborales, la política internacional, el significado de la democracia y, en fin, la autocomprensión del mismo ser humano.

Desde los tiempos de Neil Postman y Tecnópolis sabemos cuánto la tecnología conforma e influye sobre la cultura. La novedad de la IA es que esta cadena de transmisión es mucho más rápida y compuesta, de forma que no hay prácticamente tiempo para un análisis sereno o ético de sus consecuencias.

Dos elementos adicionales, a juicio del Papa, hacen esta tarea más urgente. En primer lugar, que está siendo pilotada por un número muy reducido de empresas que no solo fabrican y venden la tecnología y sus servicios asociados, sino que la usan para apropiarse de los datos de los sectores que la utilizan, y conformar así un mundo de acuerdo a su visión e intereses. Bajo la retórica de ofrecer servicios al cliente –gratuitos o de alto valor añadido, según los casos–, lo que está detrás es el uso de datos de particulares y organizaciones para seguir entrenando y mejorando sus modelos y, eventualmente, poder reproducir la forma en la que generan valor.

En segundo lugar, este impresionante despliegue tecnológico está muy apoyado políticamente por parte de algunos gobiernos o países, con una intencionalidad manifiesta de dominio o liderazgo mundial. Se trata, por tanto, de una tecnología que ni económica, ni cultural, ni políticamente es neutra.

Esta situación obliga radicalmente a pensar sobre lo que es el ser humano y el modelo de relaciones sociales que queremos. Por un lado, el título de la encíclica es en sí mismo su mensaje principal: la humanidad ya es magnífica de por sí. Las heridas, obstáculos y dificultades que todos encontramos pueden desarrollar lo mejor de lo que somos y tenemos. El ser humano se crece ante la dificultad cuando trabajamos con otros al servicio de un proyecto común. Es lo que el Papa León llama Jerusalén.

Poderosos intereses

En el campo contrario, militan intereses económicos muy poderosos. En realidad, también éstos buscan el bien, pero lo asocian a la eliminación de todo lo que perciben como una limitación. Se trata de un proyecto de mejora de la sociedad, pero basado en la eficiencia, la acumulación de capital y la superación de la condición humana. Paradójicamente, su principal herramienta no es la promesa de alcanzar un futuro mejor, sino el miedo a ser dominados por algún otro país poseedor de dicha tecnología. Volviendo a usar otra imagen bíblica, León XIV llama a este polo Babilonia, la pretensión de alcanzar un poder sin límites que, bajo la apariencia de bien, genera nuevas esclavitudes y conflictos.

La consciencia de vivir un momento muy importante de la historia de la humanidad no la tiene sola la Iglesia. En las primeras 72 horas desde su publicación, ChatGPT ha identificado más de mil noticias o reseñas publicadas enlas agencias de noticias y principales cabeceras informativas del mundo. La humanidad necesita un ancla y referencia ética. Con los principales referentes políticos muy desacreditados y la ausencia de suficiente relevancia social de otros agentes, la Iglesia católica ha dado el paso –que ya inició con el Papa Francisco– de convertirse en la conciencia moral de la humanidad. El Papa propone varios principios desarrollados a lo largo de la tradición de la Iglesia. Primero, la dignidad inviolable de todo ser humano, más allá de su raza, genero o condición. Y hoy podríamos añadir, su productividad y capacidad de consumo.

Segundo, el destino universal de los bienes. La propiedad privada nunca es un absoluto. Siempre está al servicio del bien común (tercer principio), entendido no como la suma utilitarista de bienes individuales, sino del auténtico bienestar de todas las personas y comunidades que forman la raza humana. En cuarto lugar, el principio de subsidiariedad, que rechaza el control y dominio de unos pocos agentes. La sociedad florece más cuando se crea un rico tejido organizativo de instituciones intermedias, que incluye también los agentes empresariales y sociales. Quinto, la solidaridad, esto es la llamada a construir y colaborar conjuntamente. Finalmente, en sexto lugar, el principio de justicia social, que nos invita a mirar el mundo desde los que lo sufren, para evitar una mirada sobre el mundo demasiado parcial o superar determinados prejuicios.

Estos principios son una invitación al mundo empresarial y económico actual. A tomarse verdaderamente en serio la relevancia del trabajo humano y cuánto influye en nuestro sentido de valor personal. A actuar como responsabilidad en nuestra sociedad, como creadores de riqueza, pero también posibles presas de otros intereses más grandes. A colaborar con otros agentes, públicos y privados, económicos y sociales, al servicio de todos. Usando una imagen muy conocida en el mundo empresarial, a actuar no como prisioneros que buscan su propio interés y acaban perdiendo, sino como personas y organizaciones que generan confianza y saben que el verdadero bien sucede cuando otros también lo comparten.