Xi Jinping pisa fuerte
La cumbre en Beijing entre los dos dirigentes más poderosos del mundo ha mostrado a un Donald Trump debilitado y a un Xi Jinping muy asertivo. Aunque el presidente estadounidense hubiera sido capaz de encauzar la paz con Irán antes de viajar a China, sus dieciocho meses en la Casa Blanca han minado el poder de la superpotencia occidental. En Washington apenas quedan acuerdos entre republicanos y demócratas inspirados en una visión a largo plazo, que permitan competir con éxito en la nueva geopolítica. El régimen de Beijing, no exento de problemas internos, tiene a cambio la capacidad de poner luces largas y aprovecha los errores domésticos e internacionales que jalonan el segundo mandato de Trump. China se presenta al mundo como un país adulto y responsable, que quiere mantener el multilateralismo y trabajar por la paz. Se trata de un relato que contrasta con la política de unilateralismo agresivo de Estados Unidos, su proyección exterior caótica y su incapacidad de trabajar con países aliados. Otra cosa es la realidad de China, una férrea dictadura capitalista-leninista, que presta apoyo decisivo a Rusia en la invasión de Ucrania, despliega una agresiva política en el Mar del Sur de la China e intenta modificar las instituciones internacionales y sus normas para que sirvan a sus intereses (y si no lo consigue, las ignora).
Xi Jinping ganó el año pasado con facilidad la guerra comercial desatada por el magnate neoyorquino, gracias a su control de las tierras raras, imprescindibles para el desarrollo de la industria y la tecnología en Estados Unidos. Estos días ha dado un paso más ha puesto en cuestión el apoyo militar de Washington a Taiwán, para aislar a esta democracia todo lo posible. El dictador chino aspira a pasar a la Historia como el amado líder que consiguió reunificar su país, si es posible sin una guerra abierta.
El otro gran asunto de la cumbre ha sido la expansión vertiginosa de la Inteligencia Artificial. Las dos superpotencias compiten por ganar esta carrera, pero empiezan a ser conscientes de los enormes riesgos de los últimos desarrollos. Hace unos días la Casa Blanca por primera vez se reservó el derecho de autorizar los siguientes pasos de la revolución en marcha de la Inteligencia Artificial. El Gobierno chino ya controla de forma estricta, por razones ideológicas, los contenidos que ofrecen sus empresas. Pero las dos superpotencias deben trabajar de forma conjunta para minimizar los nuevos riesgos en muchos ámbitos (militar, financiero, infraestructuras). Esta cumbre debería suponer el principio de una colaboración tecnológica muy necesaria para el conjunto de la Humanidad.