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Somos lo que compartimos

Facebook, la mayor red social, creada hace diez años para clasificar a las universitarias de Harvard, tenía ayer más de mil cien millones de suscriptores. Las redes sociales crecen por abarcar tres actividades críticas del ser humano: buscar, aportar y compartir información.

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Facebook, la mayor red social, creada hace diez años para clasificar a las universitarias de Harvard, tenía ayer más de mil cien millones de suscriptores. Las redes sociales crecen por abarcar tres actividades críticas del ser humano: buscar, aportar y compartir información.

Un entorno de desarrollo intelectual, un caldo de cultivo de la cultura de la participación opuesta a la cultura del consumismo; más información, más interrelación, difusión total.

Lástima que desde la primera red social llamada Classmates, creada en el año 1995, aquí lo que tenemos más bien es un vicio por retuitear hasta llegar a la inverosímil pero cierta enfermedad del pulgar de BlackBerry.

Los ciudadanos occidentales dedican hoy una media de quince minutos de cada hora en internet a compartir en su red social. Y este es un dato que no ha escapado a las empresas. ¿Qué placer, valor o beneficio obtienen para dedicarse con tal empeño a ello? "Eres lo que compartes", afirma Charles Leadbeater, alguien a quien poner en tu red social.

Compartir información te hace relevante y, además, te da la seguridad de hacerte más interesante. El 68 por ciento de los usuarios de EE.UU. confiesa que el principal beneficio de compartir algo en la red es definirse frente a los demás, mostrarles de nosotros la información que creemos que les interesa o puede interesar. Como aquel personaje, anticipado por el cineasta Woody Allen en su película Desmontando a Harry, que no se veía, sólo se veía borroso.

El proceso de definirse es placentero, narcisista e infinito. Estamos descubriendo cómo el acto humano de mostrar información de sí mismo está conectado a regiones del cerebro vinculadas a la recompensa; a eso le debemos llamar adicción.

Y las personas con más probabilidad de volverse adictas a las redes sociales, hoy, son las mujeres y los jóvenes: tienen la presión de sus iguales, de sus redes y necesitan ser vistas y participar en cotilleos on line para definirse. Una adicción incontrolable, mucho mayor que el chocolate o las marcas, un terreno fértil que ya han descubierto las empresas.

Hoy las redes sociales ya son catalogadas como una adicción: cuando estamos más de cuatro horas diarias enganchados a las redes sociales. Y lo hacemos desde el trabajo, la cama, el automóvil, el baño en todas sus actividades, y la escuela.

Jean Cocteau clamaba que no era él el adicto, sino su cuerpo. No nos queda ni esa esperanza: escuchen el día que puedan al periodista Jordi Basté contar cómo se desenganchó de Twitter, una simple adicción psicológica.