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Invertir en los fundamentales

¿Por qué un piso amplio del paseo de Gràcia vale 40 veces el alquiler de un año?
La Vanguardia | | 3 min read

Primero, por­ que alguien está dis­ puesto a pagarlo. Pero por encima de todo porque todos los activos ganaron valor cuan­ do los bancos centrales bajaron los tipos de interés. Los que tomaron hipotecas a tipo variable tuvieron cuotas mensuales cada vez más bajas. Y las acciones e incluso la deuda soberana subieron tanto que los que com­ praron la mejor deuda -bonos a 10 años de Alemania- en vez de cobrar intereses los tuvieron que pagar. 

Argentina, que sufrió en el año 2001 la peor quiebra que se recuerda, pagó deuda, quitas y la inflación, porque esta lo paga todo (pero a costa de los jubilados y de los que no tenían salarios variables). Y ahora Argentina emite deuda soberana a 100 años, pero al 7,9% anual; algunos creen que si tiene otras crisis, queda margen para recu­ perar el capital y ganar algo. ¿Han perdido el sentido de la realidad los inversores Desde 2008, Estados Unidos inundó el mundo de dólares, que podían comprarse a un cuarti­ llo. Y luego el BCE hizo lo mismo cuando vio que Japón no quería ser el último en vender gangas. 

Durante años, los bancos centrales marca­ron el ritmo y las bolsas bailaron al que más convenía a los que imprimen billetes. Los activos, ya fueran edificios, acciones o deuda soberana estuvieron fuertemente correlacio­nados, es decir, variaron de forma conjunta. Si las acciones subían, los edificios del paseo de Gràcia aumentaban de valor y también más tarde los del resto de Barcelona. 

Lo malo de los sueños es que no son para to­dos, duran poco y a menudo pueden ser pesadillas. En la bolsa todos descubrieron que mientras unas acciones subían otras perdían valor y las compañías de seguros que buscaban deuda soberana en vez de cobrar intereses los tenían que pagar. El banco central de Esta­dos Unidos nos abrió los ojos y nos dijo que todo lo que vale cuesta. En el cuarto trimestre de 2016 y el primero de 2017 los bancos americanos ganaron más que nunca, porque las hipotecas las vendie­ron por encima del 5% anual. De repente, todos los activos dejaron de estar correlacio­ nados, es decir, ya no variaron de manera conjunta. 
Estamos ante un nuevo mercado y las oportunidades sólo se encuentran buscando valor. Digamos adiós a la comodidad de invertir por clases de activos similares, por­ que ahora lo que vale es lo singular y distin­to. Entramos en la era de la divergencia de los precios y sólo vale lo que se justifique por los fundamentales, y por eso las acciones pueden revalorizarse aunque baje el precio de la deuda pública. Difícil oficio el de ges­tionar carteras de inversión, pero los fondos de inversión colectiva no dejan de aumentar.