Hacia una defensa común europea: ¿qué aportaría un libro blanco?
Por Javier Solana, Ángel Saz-Carranza, María García Casas y José F. Estébanez Gómez
La Unión Europea se enfrenta a una serie de desafíos de seguridad sin precedentes. Los conflictos en todas las fronteras de la Unión, los Estados fallidos y la presencia creciente del terrorismo transnacional son ejemplos de ello. Los recientes acontecimientos en varias capitales europeas demuestran que no es posible hacer una distinción entre seguridad interior y exterior, y que las fronteras nacionales no sirven como freno a las amenazas. Pese a ello, la respuesta de los europeos a estas situaciones se ha dado principalmente en clave nacional. Además, el presupuesto de la Unión Europea para defensa y seguridad es significativamente inferior al que destina a otras políticas y la colaboración de los Estados miembros es muy limitada, lo cual ocasiona ineficiencias y duplicidades.
Para hacer frente a estas amenazas comunes, es necesario, en primer lugar, disponer de una estrategia que aborde todos los desafíos actuales y describa las capacidades necesarias para lograr la seguridad. Aunque todos los Estados miembros disponen de un documento estratégico nacional, no existe ningún documento de este tipo a escala europea. Consciente de estas necesidades y de la urgencia de responder a ellas de manera concertada, el Consejo Europeo encomendó a la Alta Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común la redacción de una Estrategia Global.
Este estudio propone un proceso de redacción de un libro blanco, a escala europea, que haga operativos los objetivos establecidos en la Estrategia Global recientemente publicada, para el ámbito de la defensa, valiéndose de los instrumentos y de los mecanismos que prevé el Tratado de Lisboa. Dicho documento señalaría quién es el encargado de evaluar las necesidades y cómo debe hacerlo, y cuáles son las capacidades necesarias para abordarlas; asimismo, establecería prioridades entre las acciones propuestas para lograr los objetivos estratégicos.
En el proceso de redacción, iniciado por el Consejo Europeo y liderado por la Alta Representante, proponemos que se involucre totalmente a los Estados miembros mediante un grupo de alto nivel, formado por los ministros de Defensa de cada estado. También participaría el Comité Militar de la UE, aportando la dimensión militar.
En cuanto a las capacidades, la Agencia Europea de Defensa desempeñaría un papel fundamental. Basándose en la experiencia previa de los Planes de Desarrollo de Capacidades, junto con la Secretaría General Adjunta del Servicio Europeo de Acción Exterior y el Estado Mayor de la UE, podrían identificar las deficiencias, y diseñar los programas y las medidas adecuadas para paliarlas. Durante todo el proceso, es fundamental el contacto continuo con el Parlamento Europeo, por sus responsabilidades presupuestarias y de coordinación, y con la OTAN, para coordinar las estrategias.
Entre las medidas que se propone desarrollar en el Libro Blanco, se encuentran el diseño de estándares y materiales de formación compartidos, la financiación de programas de investigación y desarrollo en tecnologías de uso dual, el establecimiento de un mercado de defensa común o el desarrollo del Mecanismo de Cooperación Estructurada Permanente.
En definitiva, un libro blanco dotaría de mayor coordinación e integración a los Estados miembros y ayudaría a reducir las limitaciones de una política que, tradicionalmente, se ha restringido a la competencia de los Estados.