¿También eres exhibicionista?
Desde el mismo día en que alguien abrió el primer perfil en Facebook, o la primera cuenta en Twitter, nos preguntamos el motivo por el cual compartimos contenidos y opiniones en estos espacios.
La explicación requiere algunos detalles. Todos los que tenemos un perfil en las redes sociales y/o usamos internet para compartir información, opiniones o cualquier otro contenido tenemos un poco de exhibicionistas: mostramos una parte de lo que somos buscando una recompensa por ello.
Hace dos años, nació mi tercer hijo. Para empezar, fue necesario cambiar de coche: necesitaba una nave espacial en la que poder colocar tres sillitas de bebé. Empecé buscando la misma experiencia en mi entorno, de otras personas con tres hijos, y el proceso acabó rápido, constatando que ser familia numerosa no se lleva.
Tras buscar, sin éxito, en las páginas web de las marcas de automoción, acabé en la página de Facebook de la Federació Catalana de Famílies Nombroses (Fanoc). No conocía a nadie de la Fanoc, pero algo nos unía: todos sus miembros tienen tres hijos. De ellos obtuve la información sobre qué vehículos usaban.
A su vez, una marca de automoción vio lo que yo preguntaba en ese grupo y, a través de Facebook, me lanzó una oferta de uno de sus modelos en los que cabían tres sillas. Hoy, mi familia viaja en ese coche.
Aquí se juntan ese exhibicionismo que decía al principio y la recompensa que nos aporta. Compartí de forma pública mi futura paternidad porque me generaba alegría, pero además, porque esperaba obtener una respuesta sobre cómo solventar un problema.
En esa página de Facebook había más familias compartiendo sus vidas, desarrollando un sentimiento de pertenencia de grupo y obteniendo información. También estaba el típico que, aun sin ser preguntado, se pasaba el día explicando experiencias e intimidades buscando un reconocimiento para su ego.
Compartir no es una acción que internet y las redes sociales hayan creado, sino que simplemente lo han expandido. Acudimos a la red a compartir, preguntar, informar u opinar buscando gente que, aunque no conozcamos, tienen algo en común; son como nosotros (han tenido tres hijos, son fans del mismo club de fútbol).
El exhibicionismo que desarrollamos en internet está relacionado con el reconocimiento público; con sentirnos mejor; con la posibilidad de poder ayudar a terceros. Nos permite sentir que pertenecemos a un grupo; incluso permite liberar tensiones (¿han estado en Twitter durante un partido de fútbol o en una noche electoral?).
O, como en mi caso, obtener un beneficio personal en forma de oferta para la compra de un nuevo vehículo.