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Malarkey

El candidato demócrata ha salido indemne de un encuentro mucho más civilizado y previsible
ABC | | 2 minutos de lectura

L a palabra favorita de Joe Biden en el último debate electoral ha sido «malarkey», un término no muy común que puede traducirse por sandeces, bobadas o payasadas. El candidato demócrata ha salido indemne de un encuentro mucho más civilizado y previsible que el agitado primer intercambio, en el que hubo más de doscientas interrupciones. Cuando Donald Trump se ha inventado datos o le ha acusado de crímenes citando a un tabloide, Biden ha utilizado esta palabra, «malarkey», no tanto para despreciar al adversario sino para ponerle en su sitio. Por fortuna no ha sonado como el famoso «deplorables», con el que de forma arrogante Hillary Clinton describió a muchos votantes de Trump en 2016, uno de los errores que le costó la presidencia. Como ha explicado David Brooks, la ventaja del actual candidato demócrata es que proyecta un conjunto de ideas, valores y experiencias que sumados representan un bagaje moral. Donald Trump, por el contrario, manifiesta una y otra vez un deseo de victoria a costa de cualquier principio. En el último cara a cara ha desperdiciado la última oportunidad para lograr una victoria clara frente a Biden. El poder no cambia a las personas, sino que revela lo que llevan dentro: en el caso de Trump una carencia de preparación y de escrúpulos, por mucho que haya podido demostrar en este debate más contención y autocontrol que en otros choques dialécticos. Ha ayudado sin duda el hecho de que la moderadora tenía a su disposición un botón para silenciar al orador que no respetase los tiempos y las reglas y estaba dispuesto a usarlo. La mala gestión de la pandemia y sus múltiples estragos siguen dominando la campaña. No obstante, en los diez días que quedan antes de las elecciones los demócratas harían mal en subestimar al presidente, bajar la guardia y declarar victoria de forma prematura. Les favorecen la mayoría de las encuestas en los ocho estados donde se juega todo, pero esta situación es todavía reversible. La astucia de Trump, su capacidad de movilizar su base y de crecerse ante la adversidad le han llevado muy lejos.