Luces y sombras de la banca española
La quiebra del banco de inversiones Lehman, 15 Septiembre 2008, fue el inicio de los profundos cambios de la banca española de los últimos cinco años y su impacto no parece haber terminado. En realidad, la Gran Crisis empezó en Estados Unidos el 7 de Agosto de 2007, pero no nos dimos cuenta de que avanzábamos hacia un profundo abismo hasta el día después de esa quiebra. Todavía se creía en una frase lamentable: Demasiado grande para quebrar (del inglés, Too big to fail). Eran los tiempos del “uno-cuatro-cinco¿. Toma ahorros al uno por ciento, préstalos al cuatro por ciento y a las cinco empieza la partida de golf. Luego comprobamos que ninguna compañía, industrial, de seguros o crédito es inmune al fracaso si la gestión es desafortunada. Un banco vale por lo que tiene en el activo del balance, y no por sus edificios.
En la memoria, no se recuerdan los días, sino los instantes. Y en una radio de Barcelona pudimos escuchar entonces: “La Bolsa española se está hundiendo¿. Y así fue. Pero la bolsa no cerró ante la crisis de Lehman, como lo hizo en la crisis de 1929 con otras quiebras, y siguió dando liquidez a quienes necesitaban vender y recuperar fondos. La Seguridad Social tenía en Bolsa algunos excedentes de las pensiones de los jubilados, pero con prudencia esperó una mejor ocasión para vender. Y no se perdió ni un céntimo del denominado Fondo de Garantía de los jubilados.
Desde entonces, la banca española ya no es lo que era. Tiene ahora algunas luces y muchas sombras. Una semana después de la quiebra de Lehman, el presidente del gobierno español, en un hotel de Nueva York, dijo a las mayores empresas americanas que España quizás tenía el sistema financiero más sólido del mundo. Y en cinco años descubrimos, como dijo el director de mercado de capitales del Fondo Monetario Internacional, que muchos bancos europeos – y también algunos bancos españoles – tenían cadáveres en sus armarios.
Entonces se tomaron las medidas propias de una situación de emergencia mundial. Todos los grandes bancos centrales inyectaron liquidez para evitar quiebras en cadena, de un país a otro. El más efectivo fue precisamente el que no supo ver el descalabro que nos venía encima, la Reserva Federal (RF) o banco emisor de Estados Unidos, y, contra su reglamento, empezó a descontar los pagarés de empresa (del inglés, Commercial Paper) hasta que no hubo ningún tendero o taller de la esquina que no tuviera dinero en efectivo para pagar las nóminas.
En España no lo pudimos hacer. El crédito del Instituto de Crédito Oficial para las pymes apenas fue una gota en el mar. Los bancos dejaron de confiar los unos en los otros y se congeló el sistema cardiovascular, es decir, el mercado al por mayor o interbancario, en el que se colocan grandes depósitos y se toma prestado cuando un banco necesita liquidez. En el mayor interbancario del mundo, la City de Londres, los bancos españoles y el resto de los europeos dejaron de tener crédito. ¿Qué escondían en sus balances, bajo siete llaves, se preguntaban en Londres? Mejor no prestarles. Nuestro Banco Central Europeo (BCE) no podía hacerlo y a partir de 2010 tuvo que hacer frente al rescate de países enteros de la periferia de Europa, que no es necesario detallar. No es un banco de último recurso, como la “RF¿ de Estados Unidos. Y la quiebra de Lehman le llegó también por sorpresa.
Los bancos españoles dejaron de descontar o anticipar dinero a las pymes que tenían pagarés. Tuvieron que estar al quite de los impagados de los promotores inmobiliarios que habían creado la burbuja inmobiliaria, con un millón de pisos por vender. Les sucedió lo que podría ocurrir si mercabarna, o mercolleida cerraran de repente por falta de suministros. Desabastecimiento absoluto.
¿Hacia dónde avanza ahora nuestra banca? Las buenas noticias se presentan en dos direcciones. Desde la perspectiva de los clientes, la banca no nacionalizada pasó las pruebas más exigentes de la Agencia Bancaria Europea, se ha capitalizado y gana músculo para ser internacional. Pero tiene que recuperar la confianza de los clientes, porque aunque no tienen nada que ver con las emisiones de los instrumentos financieros que condujeron a la ruina a muchos de los que confiaron sus ahorros a los bancos nacionalizados, la desconfianza contagió a todo el sistema financiero. Es una cuestión de gobernanza y exige una nueva ética. Pero una nueva forma de tratar a los usuarios de sus servicios puede propiciar lo que nunca deberían haber arriesgado: los ingresos por operaciones recurrentes; una menor dependencia del margen de intereses y, en forma creciente, la mejora de las comisiones por servicios cada mejores mejores y más competitivos. Las oficinas de tejas y ladrillos pueden ser sustituidas por el modelo alemán, basado en plataformas informáticas que permiten mejorar la ratio de eficiencia. Es decir, cuánto debe gastar un banco para obtener un euro de intereses netos más comisiones también netas.
Gracias a pertenecer a la Zona euro, nuestros bancos pudieron aprovechar las líneas de crédito del BCE a tres años y bajos tipos de interés. Fueron cientos de miles de millones. Poco llegó a las pymes y demasiados fondos se emplearon en la compra de deuda pública española. La mayor parte de esa financiación se devolvió al BCE y el rescate bancario, junto con los ajustes presupuestarios, hicieron posible que el día once de este mes la prima de riesgo sobre la deuda pública alemana a diez años quedara por debajo de la de Italia y la Bolsa alcanzara un máximo anual. No todo se debe al gobierno. Los grandes fondos de inversión de Estados Unidos están inundando Europa, anticipándose a una posible recuperación. Para concluir, lo esencial es que los bancos españoles cotizan a precios muy por debajo de su valor real o en libros. Son una oportunidad para los que abandonan los mercados emergentes y apuestan por la zona euro, donde ya no importa tanto el país como el sector en el que se va invertir. Pero una cosa es invertir en un banco de Mónaco, que a pesar de tener el euro no cuenta con las líneas de crédito del BCE, y otra muy distinta hacerlo en acciones de un banco español.