LOS LÍMITES DE MARIO DRAGHI
La elección de Draghi como primer ministro de Italia ha despertado muchas expectativas en supaís y en el conjunto de Europa. El banquero más conocido del mundo llega al palacio Chigi envuelto en una aureola salvífica, después de su labor decisiva al frente del BCE durante la crisis de la moneda común. En pocos días, ha convencido a los partidos italianos principales para que abandonen su estéril enfrentamiento y se sumen a un gobierno de concentración nacional. Draghi ha invitado además a formar parte de su ejecutivo a ocho personas con una alta cualificación técnica, con el fin de no estar rodeado solo de políticos profesionales. Con un discurso europeísta y ecologista, confía en poder administrar los cuantiosos fondos que llegarán de la UE y sacar a su país del agujero. Antes de haberseestrenado en el ejecutivo, ya se habla de Draghi como futuro presidente de la República en 2022. Sin duda, la llegada del banquero a la política romana es muy buena noticia para Italia, un país difícil de modernizar y en el que el euroescepticismo no ha dejado de crecer en los últimos años. Se equivocan sin embargo los que anuncian que super-Mario tendrá un papel estelar en la UE, y aún más los que le aúpan al liderazgo continental tras la salida de Merkel del poder. Los límites de Draghi son los propios de Italia en el proceso de integración. Su país es un actor secundario frente a Alemania y Francia, sin capacidad de iniciativa, que necesita la disciplina de Bruselas para mantener suficiente credibilidad internacional. La experiencia y capacidad política del nuevo primer ministro ayudarán a defender con más eficacia los intereses italianos en Bruselas. Tampoco está claro que el proceso de integración europea vaya a remontar con brío la serie de crisis que acumula. La reacción a la pandemia desde la UE ha sido acertada en el plano económico, por mucho que los errores de la presidenta de la Comisión en la compra de vacunas empañen esta buena ejecutoria. Hay muchas buenas razones que llevan a apostar por una UE reforzada, inspirada en un nuevo europeísmo, aún sin formular. Si se consigue, el liderazgo seguirá en manos de los alemanes.