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La templanza como virtud

Suplemento 'Dinero' de La Vanguardia | | 3 minutos de lectura

La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales. Si bien la religión católica vincula la templanza con la abnegación ante deseos y placeres, la filosofía, ya desde los griegos, la refiere a la capacidad de mantener la calma y el equilibrio. La persona templada es moderada en sus decisiones y conductas y contagia a quienes trabajan con ella de una serenidad que, de otro modo, no conseguirían. 

Bajo mi punto de vista, las empresas y la economía en general precisan de líderes con templanza. La desinformación, las llamadas fake news, el ruido y la velocidad de las noticias, así como la constante tormenta de datos, indicadores, mensajes y correos electrónicos con que la digitalización de los negocios ha impregnado al mundo de la empresa desarbolan a cualquiera. La mediterránea es una cultura histérica, entendida no comotrastorno, sino como rasgo. La histérica es aquella cultura donde predomina la emoción sobre la razón, donde la ingobernabilidad se somete al exceso y donde lo transitorio prevalece sobre lo estable. 

Todos andamos nerviosos. Cunde el pánico varias veces por semana en cualquier organización. Lo mismo en la economía. Todo se hunde una y otra vez, a pesar de que seguimos a flote, E invaden al trabajador la incertidumbre, la vulnerabilidad, el miedo y, todavía peor: la duda. 

En mis encuentros con empresarios y directivos, siempre les insisto en que hagan gala de su templanza. La templanza no significa no decidir (sertemplado) o no concluir. No es inacción. Sino todo lo contrario. Platón la define como la capacidad de poner orden donde hay caos, tanto en el propio interior de la persona como en aquello que la desorienta y provoca. Para el filósofo alemán Josef Pieper es una facultad: "Discreción ordenadora". templar o temperar como capacidad de armonizar series de componentes dispares.

Fijémonos, pues, en la fuerza de la templanza. Ordenar el caos, concluir en la contradicción y razonar la emoción. Son dos necesidades apremiantes en la terrible vorágine y velocidad que la digitalización y la tecnología imponen. Una empresa ha de adaptarse alos cambios del entorno. 

Pero el problema es que hay demasiados cambios y van demasiado aprisa. Es preciso escoger a qué debemos adaptarnos y cuándo. A todo, esimposible. Hay que discriminar y escoger. Creo que toca hablar del liderazgo a través de las virtudes, que ayudan a decidiren medio de la vertiginosidad de los señuelos. Porque notodo es oportunidad. Ni todo es amenaza.

La templanza es la virtud directiva que no solo transmite serenidad sino que ayuda a decidir qué nos afecta y qué debemos ignorar.