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Funcionarios

Artículo escrito por Enrique Verdeguer, director de ESADE Madrid

Históricamente, y más en un país como el nuestro, tan dado al sectarismo, la figura del funcionario surge para dotar de estabilidad a la función pública frente a los vaivenes políticos, con unas pruebas de acceso, en principio objetivas y transparentes, obviamente con sus lagunas y deficiencias
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Artículo escrito por Enrique Verdeguer, director de ESADE Madrid

Como funcionario, aunque ahora en excedencia, he sido testigo de la controversia y maniqueísmo que genera hablar de los funcionarios. Evidentemente, como en todos lados, los hay buenos y malos. Sin embargo, creo que hay que debatir y reflexionar mucho sobre el sistema.

Históricamente, y más en un país como el nuestro, tan dado al sectarismo, la figura del funcionario surge para dotar de estabilidad a la función pública frente a los vaivenes políticos, con unas pruebas de acceso, en principio objetivas y transparentes, obviamente con sus lagunas y deficiencias. Hasta aquí, todo correcto.

El problema aparece cuando el sistema se perpetúa y apenas evoluciona ni se adapta a los cambios. Así, las pruebas de acceso a la función pública no responden en gran medida a las necesidades de una organización del siglo XXI. Alguien puede saberse de memoria el código civil o una teoría económica y carecer de la más mínima inteligencia emocional, de empatía o de capacidad para trabajar en equipo.

Además, ¿no sería hora de exigir un mínimo de inglés a los cuerpos directivos de la Administración? ¿No es sorprendente que ningún presidente de gobierno español, sean o no funcionarios, haya hablado inglés?

El problema aparece cuando el sistema se perpetúa y apenas evoluciona ni se adapta a los cambios
Por no hablar de la necesidad de la formación permanente en un mundo en el que tantos conocimientos evolucionan a una velocidad extraordinaria.

La mejora de las pruebas de acceso debería venir acompañada de algo tan complejo como necesario, como es la evaluación del desempeño y la aplicación de incentivos adecuados. Sé que es un tema recurrente y dificilísimo, pero el ver sólo las dificultades es la mejor forma de no avanzar. Y además, lo que no se evalúa se devalúa. En el fondo, es un cambio de cultura lo que se necesita.

Todo ello redundaría en beneficio de la sociedad en su conjunto y favorecería a ese concepto tan bonito de los servidores públicos, los buenos funcionarios, dignificando su profesión y reduciendo el componente político, absolutamente innecesario en la inmensa mayoría de puestos de la Administración.