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¿Es demasiado tarde para el FMI?

El pasado 18 de diciembre, mientras los españoles estábamos inmersos en el final de la campaña electoral, el Congresos de los Estados Unidos daba luz verde al aumento de cuotas del Fondo Monetario International
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El pasado 18 de diciembre, mientras los españoles estábamos inmersos en el final de la campaña electoral, el Congresos de los Estados Unidos daba luz verde al aumento de cuotas del Fondo Monetario International (FMI). ¿Será suficiente para evitar el continuo declive del FMI?

Cuando se acordó esta reforma, en Octubre de 2010, se señaló como un acuerdo histórico que iba a cambiar las dinámicas internacionales de poder entre los países desarrollados y los emergentes. En la gobernanza del FMI, el poder de voto está ligado a cuotas (al tamaño de las contribuciones financieras de los países miembro). En virtud de sus altas cuotas, los países avanzados cuentan con mayor poder de voto mientras que los países emergentes se han mantenido infrarrepresentados y con una influencia reducida.

La reforma se fraguó durante la cumbre de los Ministros de Finanzas del G20, en la ciudad surcoreana de Gyeongju. El FMI la aprobaría como la Decimocuarta Revisión General de Cuotas, un acuerdo que doblaría la cuota total del FMI y las reorganizaría, resultando en un traspaso del 6% de las cuotas de las economías desarrolladas hacia las emergentes. Frustrado con la inacción de los europeos, el ejecutivo de Estados Unidos había sido el artífice de la propuesta maniobrando para que Europa cediera parte de su poder de voto. Europa contaba con 9 de los 24 asientos del Directorio Ejecutivo y el 30% del total de votos. Hasta ahora, Italia tenía casi el mismo porcentaje de voto que China, mientras que el voto de Países Bajos o Bélgica valían más que el de India, Brasil o México.

Para la implementación de la reforma era necesaria la ratificación por parte del Congreso norteamericano. Estados Unidos tiene poder de veto, ya que cuenta con el mayor porcentaje de voto -un 16.74%- y el acuerdo sólo entraría en vigor una vez ratificado por países que sumasen el 85% de los votos. En principio, no parecía un problema, y la intención era implementar la reforma a finales de 2012.

Sin embargo, el plazo no se cumplió y desde entonces el legislativo de Estados Unidos ha sido el único en frenar su implementación, minando su reputación como líder de la reforma institucional y dañando seriamente su credibilidad internacional.

Durante estos años, la Administración Obama ha intentado en varias ocasiones incluir el aumento de cuotas para aprobación parlamentaria. En realidad, la propuesta no aumenta la contribución financiera de Estados Unidos ya que el dinero se traspasaría desde otra línea de crédito temporal, el NAB (Nuevo Acuerdo de Préstamos). El Congreso, simplemente, tenía que aprobar el traspaso del NAB a su aportación en las cuotas, y  la reforma habría salido adelante sin apenas coste para el contribuyente. Pero tanto republicanos como demócratas frenaron continuadamente el proceso.

 ¿Qué ha cambiado para que hayan decidido incluir la partida del aumento de cuotas en el presupuesto estadounidense de 2016? El plazo legal para la aprobación se agotaba en 2015, y la frustración con Estados Unidos ha llevado a muchos países a considerar una nueva reforma que acabe con el veto estadounidense.

Tras 5 años de retraso, los países emergentes han percibido que su influencia en el FMI está lejos de representar su papel en la economía mundial y han buscado soluciones alternativas. Han creado dos bancos de desarrollo (el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y el Nuevo Banco de Desarrollo) y, particularmente preocupante para el FMI, el mecanismo de rescate Contingent Reserve Arrangement.

El mundo necesita un sistema único de gobernanza financiera que incluya un prestamista de última instancia para los estados y una supervisión financiera internacional. Sin embargo, el bloqueo de Estados Unidos ha servido para debilitar la influencia del FMI y reducir aún más la legitimidad de una institución que los países europeos ya se habían encargado de minar con su sobrerrepresentación, el débil liderazgo de Rato y el escándalo sexual de Strauss-Kahn. 

Si el FMI quiere sobrevivir, deberá reformar la compleja fórmula que establece las cuotas -tan favorable a los países occidentales- y recalcularlas posteriormente. Para conseguir un FMI más justo, el liderazgo de EEUU debe adaptarse y la zona Euro haría bien en conformarse como bloque conjunto, compartir silla única en el directorio y aceptar que su peso en el mundo ha menguado, aunque siga siendo muy importante. Implementar la reforma del 2010 debería ser sólo el principio del cambio para el FMI y así evitar una fragmentación del sistema de gobernanza global que podría retrotraernos a un juego entre grandes bloques y potencias.

 

Artículo escrito por Angel Saz-Carranza, director de ESADEgeo (Center for Global Economy and Geopolitics) y profesor ESADE Business and Law School y Hugo Cuello, investigador ESADE Business and Law School