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El leviatán descabezado

Apoyar o no apoyar a Rajoy, abstenerse, votar sí o votar no. Hacerlo incluso en secreto y a escondidas.
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Por Miguel Trias Sagnier, Catedrático de Derecho de Esade - URL

 

Apoyar o no apoyar a Rajoy, abstenerse, votar sí o votar no. Hacerlo incluso en secreto y a escondidas. ¿Es eso realmente lo que interesa a la ciudadanía? Los partidos se presentan con programas y eso es lo que debiera presidir las conversaciones entre ellos para alcanzar acuerdos que permitan, no sólo superar el bloqueo institucional en el que estamos sumidos, sino dar orientación y rumbo al barco en el que navegamos.

Me gustaría ver en el debate el programa económico y, muy particularmente, las iniciativas para fomentar la investigación y desarrollo y la creación de empleo en el corto plazo. Las medidas para corregir la creciente desigualdad que la revolución tecnológica y la competencia de los países emergentes está produciendo. La política educativa y, en especial, las reformas para redireccionar nuestra maltratada formación profesional y combatir el abandono escolar. La lucha contra la corrupción a través de una auténtica reforma del sistema de financiación y de la transparencia de nuestros partidos políticos. En fin, una reforma constitucional que aborde el problema planteado por buena parte de las poblaciones catalana y vasca.

El PP no ha abordado estos problemas en sus cuatro años de mayoría absoluta. No le interesa. Su único programa es mantenerse en el poder. Y seguir los dictados de Europa como alumno fiel. Los mercados han valorado positivamente esta disciplinada actitud. Pero los mercados son tan ciegos como desnortada la política del PP.

El problema no es Rajoy sí o Rajoy no. No es un personaje que concite animadversión ad personam. Tampoco suscitapasiones. Se dice que domina los tiempos, cuando la realidad es que, sencillamente, carece de plan para avanzarse a los tiempos. Cuando llega la tempestad se agazapa para volver a erguirse cuando amaina. Su táctica ha dado hasta ahora buenos frutos. De ser el proscrito de la economía mundial, España ha pasado  a ser uno de los valores refugio. Se valoró que pudiera aguantar la tormenta financiera sin necesidad de un rescate completo. Después se ha beneficiado del viento de cola: los bajos tipos de interés, la reducción del precio del petróleo y la bonanza del sector turístico, aupado por la turbulencia que impera en las vertientes sur y oriental del mediterráneo. Pero todos ellos son factores coyunturales que pueden cambiar de signo.

El debate debiera olvidarse por un momento de las personas y centrarse en el programa de una mayoría parlamentaria en la que se apoye el gobierno. No es ideal que lo presida Rajoy, por su evidente tolerancia con la corrupción en su partido. Pero el problema no es la persona, sino la hoja de ruta. Sin un proyecto realmente reformista, nuestro Estado seguirá siendo un leviatán descabezado. Un aparato dominado por altos funcionarios, acostumbrados a lidiar con las cosas del poder, pero carente de un plan de futuro para resituar a nuestro país en la carrera competitiva global.