Crecimiento, industria y comunidades
Las diferencias de crecimiento del PIB entre las comunidades españolas se deben a su diferente exposición a factores como las exportaciones de servicios (turismo y resto), las exportaciones del sector agropecuario, el crecimiento de nuestros socios comerciales europeos, la salud del sector del automóvil, el gasto público, la mayor incertidumbre sobre la política comercial o la falta de tracción de la inversión (BBVA Research).
Durante los últimos años las regiones más turísticas, las que exportan otro tipo de servicios o las que cuentan con un sector primario competitivo y exportador han crecido por encima de la media y, las más industriales, algo menos. Murcia fue la mejor en 2024 con un crecimiento del 3,6% del PIB, la media nacional fue del 3,1 igual que Cataluña y Madrid. Navarra y País Vasco, las más industriales, crecieron el 2,9 y 2,4 respectivamente. En 2025, la brecha de crecimiento entre las regiones industriales y las intensivas en turismo y otras actividades se estrechará.
Las comunidades más industriales registran el PIB per cápita más alto, País Vasco, Navarra y Cataluña, 39.547, 37.088 y 35,325 euros respectivamente, frente a los 30.968 de media nacional, 42.128 de Madrid, 25.887 de Murcia o 23.218 de Andalucía (INE).
Lo mismo sucede con la productividad. Madrid, Navarra y el País Vasco son las únicas que alcanzan valores de productividad iguales o superiores a la media de la Unión Europea (UE). Las diferencias interregionales de productividad explican entre el 75 y 89% de las desigualdades de renta por habitante observadas (Consejo General de Economistas).
Entonces, si las comunidades con menor renta han crecido más en los últimos años, ¿por qué no convergen en términos de renta per cápita? La convergencia entre comunidades está estancada desde 2008. La productividad del trabajo, el factor más importante a la hora de explicar la evolución de la convergencia impulsada por la acumulación de capital fue determinante entre 1980 y 2008. También, es la principal explicación de su estancamiento posterior (Auciello I. y Puente S., Banco de España). Las regiones menos productivas tienen una mayor presencia del sector primario, mayor tasa de temporalidad en el empleo y ratios más bajos de inversión en I+D. Así mismo, estas regiones, incluso cuando su PIB crece más que el resto, lo hacen al compás del aumento de la población, más cuanto mayor es la proporción del sector servicios y del turismo.
Todo ello evidencia la importancia de la industria, de la productividad y de los incentivos a la actividad económica de alto valor añadido. En Navarra y País Vasco el sector manufacturero industrial aporta el 23,5 y 19,2 % del PIB respectivamente, frente al 14,5 de Cataluña, el 11,03 de media nacional o el 5,4 de Madrid. En porcentaje sobre el total de la industria española, Cataluña aporta el 20,5%, Madrid el 10,5, y País Vasco y Navarra 8,3 y 3,1 respectivamente (INE).
Las comunidades más industriales como Navarra y el País Vasco disfrutan, así mismo, de menores tasas de desigualdad y mejores salarios, y lo hacen con mayor presión fiscal y gasto público per cápita que la media nacional, y en especial que Madrid que tanto se beneficia de las economías de concentración. Navarra y País Vasco tienen la tasa AROPE (porcentaje de población en exclusión social) más baja (más de 10 puntos por debajo de la media nacional), y cuentan con las políticas públicas que porcentualmente reducen más la pobreza. Madrid, a pesar de ser la más rica, es en dónde menos efectos tienen esas políticas antipobreza de toda España (EAPN-ES), además de presentar un índice de desigualdad por encima de la media nacional.
La industria es la base de nuestro bienestar, algo que exige décadas de buenas políticas públicas y decisiones privadas orientadas hacia la inversión, la innovación, la tecnología y la competitividad en sectores estratégicos, el tamaño de las empresas, el capital humano y la transmisión de conocimiento combinados con políticas de cohesión social y sostenibilidad.
Incentivar la actividad industrial con éxito exige muchos tipos de medidas como apoyar la inversión innovadora necesaria para generar empleo de calidad. Hay inversiones muy en boga, y sin duda positivas, como los centros de datos que, sin embargo, presentan planes de negocio de carácter meramente inmobiliario y que como inversión pueden llegar a ser incluso actividades extractivas generantes de empleo de calidad y valor añadido a miles de kilómetros y no aquí. El marco regulatorio y competitivo es también fundamental, y por supuesto la financiación. Actualmente, en el marco del análisis de la OPA del BBVA al Banco de Sabadell, la literatura económica muestra los efectos negativos para Pymes y crecimiento económico de la excesiva concentración y la falta de eficacia y desarrollo del sistema bancario, algo que puede haber afectado a Navarra tras la desaparición de la antigua Caja de Ahorros respecto a otros territorios vecinos. Hay que hilar fino, invertir y acertar con los proyectos.