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Consecuencias económicas graves

Expansión | | 5 minutos de lectura

¿Qué consecuencias podemos esperar para la economía mundial de la invasión rusa en Ucrania? Los datos apuntan a que en el siglo XXI la economía mundial es incapaz de levantar cabeza. A la grave crisis financiera de 2008 se le ha sumado una pandemia que ha provocado caídas del producto interior bruto casi sin precedentes, y cuando parecía que la economía retomaba el vuelo, en la madrugada del 22 de febrero y en un mensaje televisado Vladimir Putin anunciaba la ofensiva militar en Ucrania.

La primera consecuencia de cualquier guerra es un incremento de la incertidumbre, incertidumbre respecto a la duración del conflicto y a la escala de este, que siempre se traduce en mayor volatilidad de los mercados financieros y tiene consecuencias en el comportamiento de los agentes económicos, como, por ejemplo, la inversión empresarial. De la misma forma, es innegable la importancia de Rusia como exportador de materias primas; no en vano, una tercera parte de las importaciones europeas de gas provienen de Rusia. En un contexto de mayor demanda por la recuperación pospandemia, la dificultad para aumentar la producción en algunos sectores y el fuerte aumento de costes del transporte internacional, la posible reducción de la oferta de sus principales exportaciones, petróleo y gas, aumentan su precio, fruto de la incertidumbre pero también de la posible especulación. De hecho, el 22 de febrero, día de la invasión, el precio del petróleo, tanto Brent como WTI, aumentó de forma significativa, con crecimientos cercanos al 10%. La consecuencia es clara y directa, más combustible para una inflación ya muy elevada. La guerra, sin duda, contribuirá a mantener tasas de inflación más elevadas, tasas que tienen consecuencias en la recuperación de la economía española, por sus efectos en la confianza del consumidor, la reducción de la capacidad de compra y el riesgo de espiral inflación-salarios que merma la competitividad de un sector productivo todavía mirando por el retrovisor a los efectos de la pandemia. Además, la inflación presiona a mayores tipos de interés con consecuencias en la capacidad de financiación de empresas, consumidores y el sector privado.

Volatilidad

Otra consecuencia de la guerra es la volatilidad y las caídas de los principales mercados financieros. Del cierre del miércoles a la apertura del jueves, el indicador de referencia de la Bolsa española había perdido en cuestión de horas un 4,2%, si bien el acumulado de los últimos cinco días es una caída cercana al 2%. Sin embargo, la volatilidad de los mercados financieros siempre tiene ganadores y perdedores, la energía, necesaria para la producción de bienes y servicios, no tiene sustitutivos, así que su mayor precio contribuye a una mejor cuenta de resultados de las grandes empresas energéticas. Por el contrario, las empresas rusas más expuestas al comercio internacional y con mayor riesgo de ser objetivo de sanciones se verán muy perjudicadas.

Un elemento sobre el que parece haber habido menos discusión es el impacto de esta guerra para quien ha iniciado la misma, Rusia. Los datos de la economía rusa nos dan pistas significativas. En los últimos años, la economía rusa ha reducido su dependencia del exterior. Desde 2014 el valor de las reservas de oro a disposición de su Banco Central se ha doblado, lo que aumenta su margen de maniobra ante el shock negativo que puedan suponer las sanciones de Estados Unidos o la Unión Europea. Además, los niveles de deuda, tanto deuda pública como externa, son relativamente bajos y estables, la deuda externa de Rusia es del 40% del PIB, mientras que su deuda pública es de cerca del 20%. Además, Rusia puede jugar con la importancia que sus exportaciones tienen para los principales compradores de las mismas, importaciones de difícil sustitución, elemento que puede jugar un papel en la determinación de las sanciones, de forma que su impacto, aunque sin duda será de caída del PIB, pudiera ser relativamente moderado, algo que parece que el Gobierno ruso ha descontado y considerado en la definición de su estrategia.

En economía es siempre más fácil predecir los efectos a corto plazo que a medio plazo, pero en el caso de la invasión de Rusia a Ucrania, estos efectos a medio no son desdeñables, y no solo por su impacto económico. Lo que ha ocurrido puede sentar un peligroso precedente en política internacional, los conflictos entre estados. Pensemos en China y sus disputas territoriales con Japón, son múltiples y en muchos casos latentes, y un nuevo esquema en el que se imponga el uso de la fuerza es rechazable no solo moralmente sino también desde el punto de vista de la eficiencia económica. El uso de la fuerza, frente a la diplomacia y la negociación, siempre impone mayores costes globales, mayores injusticias y mayor desigualdad.