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Tsipras el escéptico

Gracias al apoyo de la oposición moderada, el gobierno griego ha conseguido aprobar las reformas necesarias para iniciar el tercer rescate de su país.
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Gracias al apoyo de la oposición moderada, el gobierno griego ha conseguido aprobar las reformas necesarias para iniciar el tercer rescate de su país. Al mismo tiempo, Alexis Tsipras ha explicado claramente a los suyos que no cree en tales medidas. El escepticismo es en este caso de ida y vuelta: los más próximos ya no se fían del primer ministro, que a pesar de todo sigue gozando de popularidad.

 

Su maniobra de volar los puentes con el resto de la UE y en el último minuto, pedir socorro para no salir del euro le ha llevado a pagar un precio político que él no entiende como desorbitado. Ha conseguido generar una desconfianza total en Bruselas, el hundimiento de su economía en dos semanas y la ruptura de la coalición Syriza. Si se hubiera prorrogado el segundo rescate, en vez de dejarlo expirar, tener que cerrar los bancos y celebrar un referéndum sin unos mínimos democráticos, se habría evitado mucho sufrimiento. La posibilidad de salida de Grecia del euro sigue siendo alta y puede estar ocurriendo de manera subterránea.

 

Nadie confía en que se aplique todo lo aprobado y hay serias dudas de que las medidas produzcan resultados antes de que el país reponga el dracma como única vía de ajuste.

 

Pero ¿y si las aparatosas garantías firmadas por Tsipras fueran una manera estrepitosa, la suya, de seguir ganando elecciones, mientras son otros, terceros y extranjeros, los que frenan en seco los gastos exorbitantes del Estado griego, depauperado e insolvente, como acaba de descubrir el FMI? Después de todo, el político radical se distingue del moderado por extremar las artes de la manipulación. El FMI debería haber avisado hace tiempo sobre la no sostenibilidad de la deuda griega y los acreedores se equivocaron al haber prestado a quien no podía devolver esas cantidades. Pero la responsabilidad primera es de los promotores de una ideología ultranacionalista, destructora de su país y dañiña para el conjunto de la UE, con la que por ahora se mantienen en el poder.