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'Perro loco' se despide

Grupo Vocento | | 3 min read

Confieso que me resultó inquietante en un primer momento el anuncio del nombramiento de Mattis 'Perro Loco', apodado así por sus soldados, como secretario de Defensa de Donald Trump. Fue una alarma falsa: enseguida se comprobó que James Mattis, con una destacada ejecutoria en Irak en 2003, era una garantía de buen sentido y experiencia. Se trataba de un hombre con visión de Estado, en claro contraste con un presidente que desprecia la reflexión y no reconoce como suyos los valores propios de una democracia liberal. Pero en la víspera de Navidad, Mattis ya no aguanta más los arrebatos y las improvisaciones de Trump y se marcha a su casa. Se despide, no obstante, dejando muy claras las cosas. En su carta de dimisión explica que la fuerza de Estados Unidos radica en saber conservar a sus aliados, trabajar con ellos y en oponerse a países como China o Rusia.

La gota que ha colmado el vaso de la paciencia de Mattis es la salida de las tropas norteamericanas de Siria, decidida contra su parecer por Trump. El presidente ha esgrimido el peregrino argumento de que el ISIS está derrotado y de que le corresponde a Rusia, Irán y al gobierno sirio hacer frente a esta amenaza y derrotarlo. Las contradicciones nunca son un obstáculo en los razonamientos del presidente.

La salida de Mattis tras dos años de aguantar la furia y las ocurrencias de su jefe es especialmente preocupante para la estabilidad global porque en la Casa Blanca ya no quedan «adultos en la habitación». Esta es la expresión con la que la prensa de Washington se refiere a la labor callada y sacrificada de varios hombres del presidente para controlar los daños que puede causar a su alrededor. La conjura de patriotas responsables alrededor del colérico tuitero en jefe estaba formada por James Mattis y por otros dos generales, John Kelly (el jefe de gabinete recién cesado, un puesto equivalente al de primer ministro) y H. R. McMaster, exasesor de seguridad nacional. Completaba este equipo de emergencias lo más parecido que existe a un general en el ámbito privado, el antiguo CEO de Exxon, Rex Tillerson, que duró un poco más de un año como Secretario de Estado.

A medida que avanza el primer mandato de Trump, la mayor parte de los miembros de su gabinete y de su círculo de asesores se marchan o son cesados. La descripción del modus operandi caótico del presidente que hacen desde fuera del poder es muy preocupante.

Pero todavía lo es más saber que muchos de los sustitutos de la primera oleada trumpista son personajes de talante aventurero, proclives a transigir con cualquier iniciativa del presidente, sin independencia de criterio. La salida de 'Perro Loco' libera de ataduras en asuntos de defensa a un presidente que necesita más que nunca asesores de peso y adultos en la habitación.