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Operación salida

Ambos casos ilustran la dificultad que tiene la Unión para tomar decisiones con agilidad y reformarse.
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Ambos casos ilustran la dificultad que tiene la Unión para tomar decisiones con agilidad y reformarse.
Bajo pronóstico de recesión regional a las puertas, no pocos mandatarios de Latinoamérica han participado en la cumbre bianual con la Unión Europea, que al menos ha servido para comprobar cómo el régimen venezolano no cuenta con ningún apoyo a este lado del Atlántico. Maduro se ha otorgado el estatuto de «persona non grata» y ahorrado un viaje incómodo también para sus colegas de Estado. En los márgenes de esta Conferencia de tono protocolario, Merkel y Hollande han trabajado duro en la «operación salida» de Atenas y Londres. Los helenos quieren quedarse en el euro sin cumplir sus obligaciones, mientras que los británicos votarán sobre su permanencia en la Unión en función de que se modifiquen algunas reglas del juego. La diferencia entre el viajero sin billete griego y el «fair play» inglés es evidente.

 

Sin embargo, ambos casos ilustran la dificultad que tiene la Unión tras la crisis del euro para tomar decisiones con agilidad, reformarse y convertirse en un proyecto atractivo para los ciudadanos. La disyuntiva dominante es la crítica antiBruselas (véanse los fantasmales argumentos contra el acuerdo transatlántico de comercio e inversiones que maneja la izquierda) o dar por supuesta la integración europea, como si ésta estuviese garantizada aunque no se revitalice. Al final del primer día, Angela Merkel, François Hollande y Alexis Tsipras se reunieron para buscar una solución temporal a Grecia que no pase por un impago de la deuda. El primer ministro heleno tiene poco tiempo para elegir entre mantener a su país en el euro o llevarlo al precipicio enarbolando su programa electoral. Por su parte, David Cameron se sentó con Mariano Rajoy para explicar sus demandas de reforma europea. Lo hizo tras haberse visto forzado en Londres a dar libertad a los miembros de su gobierno que quieren hacer campaña por la salida de la UE. Pero todo menos convertir la consulta europea de 2017 en un referéndum sobre él mismo y además perderlo. Libre de los liberal-demócratas, hoy Cameron no hace ascos a ser un digno emulador de Margaret Thatcher.