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Ni el viento ni la demanda, la competencia

No pasa día sin aumento del déficit de tarifa eléctrico. Tampoco sin noticia de incremento en el recibo de la luz. En julio, el RD-Ley 9/2013 para garantizar la estabilidad del sistema, lo atribuyó a niveles de pluviometría y viento superiores a la media y contracción de la demanda. Estas semanas se aduce poca lluvia, escaso viento y mayor demanda.

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No pasa día sin aumento del déficit de tarifa eléctrico. Tampoco sin noticia de incremento en el recibo de la luz. En julio, el RD-Ley 9/2013 para garantizar la estabilidad del sistema, lo atribuyó a niveles de pluviometría y viento superiores a la media y contracción de la demanda. Estas semanas se aduce poca lluvia, escaso viento y mayor demanda.

Dicen que a partir de una contradicción se puede deducir cualquier cosa. Pues bien, deduzco que no es el viento ni la demanda, sino la competencia o, para ser exactos, su falta en el mercado, la causa de estos sobresaltos.

La posibilidad de repercutir íntegramente costes sin preocuparse de la opinión de los usuarios sólo se da en servicios esenciales sin competencia. La liberalización del sector eléctrico en 1997 pretendió impulsar un mercado interior europeo de electricidad.

A la vez, asignar eficazmente los recursos para conseguir alta calidad en el servicio y a precios asequibles. Lo primero lo impide, por ahora, la poca interconexión con Francia. Lo segundo exige competencia efectiva, que es el régimen de libertad de empresa en el marco de la economía de mercado que los poderes públicos garantizan y protegen (art. 38 de la Constitución).

El derecho de la regulación económica nos aporta algunas ideas para lograrlo. Así, por ejemplo: primero, introducir transparencia en la formación de los precios de generación, cambiando el modelo de subastas Cesur.

No es lógico pagar por MW/h el precio, más caro, de ciclo combinado, cuyas inversiones son recientes, a los generados con hidroeléctrica y nuclear, amortizadas hace años. Segundo, estabilizar el marco regulatorio de la energía solar que ni contamina ni requiere importaciones de energía primaria, mientras prosigue su abaratamiento, multiplicaría productores y reduciría costes de distribución al acercar demanda y producción.

Tercero, auditar mejor los gastos de transporte y distribución, así como otros costes regulados, y que fije su retribución la CNMC, en lugar del Gobierno. Cuarto, desagregar verticalmente las empresas eléctricas hasta el punto, si fuera necesario, de que no haya generadores y comercializadores del mismo grupo empresarial.

Tal vez así, con o sin viento, olvidaremos de una vez el aumento del déficit de tarifa eléctrico.