Los peores días de Angela Merkel
Tras el atentado contra un mercadillo tradicional de Navidad en el corazón de Berlín una oleada de críticas hacia la política de generosidad con los refugiados amenaza el liderazgo de la canciller germana, Angela Merkel. La extrema derecha alemana y sus conexiones populistas en otras partes de Europa aprovechan para pescar en río revuelto. La xenofobia, la demagogia y la propuesta de soluciones inmediatas y radicales multiplican sus ecos y tratan de aparentar la lógica, sensatez y proporción que no tienen.
Es un aprovechamiento intensivo de la sensación real de vulnerabilidad y el estado de emergencia desatado en el Viejo Continente. Tras el terrible ataque, que revive el ya ocurrido en julio en Niza, las dudas se han multiplicado sobre la posibilidad de que Merkel renueve su jefatura de gobierno por cuarta vez en las elecciones generales convocadas para el próximo mes de septiembre. Si se confirma definitivamente que el terrorista fugado tras el crimen era un peticionario de asilo, camuflado el año pasado en la marea de refugiados con intenciones de propagar la obra siniestra del ISIS, la canciller no tendrá más remedio que endurecer su discurso político.
Incluso puede tener que ceder el testigo a otro candidato de la coalición CDU-CSU Desde Munich el primer ministro bávaro, Horst Seehofer, hace tiempo advierte sobre las amenazas a la seguridad por la entrada desordenada de más de un millón de inmigrantes en un año. Representa el conservadurismo alemán en su versión más dura, que da primacía a la identidad nacional sobre los valores cívicos y ha dejado atrás el imperativo de tener que ser siempre buenos europeos. Seehofer no oculta su ambición de sentarse en la cancillería federal y puede llegar a conseguirlo si la reacción de Merkel no va más allá de la gestión a corto plazo de la crisis. La lucha contra el terrorismo yihadista desde las democracias liberales no puede condenar a la sospecha a colectivos enteros o discriminar a una persona por ser refugiado, musulmán o extranjero.
Por el contrario, de lo que se trata es de defender la vida, la libertad y la dignidad humana allí donde esté y no de modo selectivo, condicionado a demostrar antes la pertenencia a una comunidad nacional, a una fe o una cultura. Es el momento de poner las luces largas. Se necesita tiempo, colaboración intensa entre gobiernos en cuestiones de seguridad e inteligencia, hacer pedagogía con una opinión pública atemorizada y la voluntad política de no dar tregua a los terroristas. Europa ya ha vencido varias veces frente a amenazas semejantes a sus valores democráticos y lo debe volver a hacer.