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Las tareas de Macri

Hace tres meses un miembro del equipo de Mauricio Macri en la alcaldía de Buenos Aires comentaba en una visita a Madrid: «Si pasamos a la segunda vuelta de las elecciones, ganamos».
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Hace tres meses un miembro del equipo de Mauricio Macri en la alcaldía de Buenos Aires comentaba en una visita a Madrid: «Si pasamos a la segunda vuelta de las elecciones, ganamos». Los que le escuchábamos no le dimos mucho crédito, porque su candidato apenas tenía el 30% de apoyos, pero esta semana se ha cumplido su previsión. Ha sido casi un milagro: el destino natural de los doce años de kirchnerismo era dar paso a otra corriente peronista.

La pésima y errática gestión del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner en los últimos tiempos ha facilitado la convergencia de otras sensibilidades políticas en torno al partido centrista de Macri, incluyendo sectores peronistas. El sucesor de Cristina, Daniel Scioli, había sido elegido por su buena imagen. Pensaba heredarla con solo presentarse y criticar al presidente de la ciudad de Buenos Aires. Pero finalmente muchos votantes independientes han comprado el mensaje de Cambiemos, la coalición ganadora. Scioli iba rodeado en su candidatura por los personajes más siniestros del kirchnerismo, vigilantes de la ortodoxia, un claro lastre a su promesa de renovación.

La victoria de Mauricio Macri al final ha sido solo por tres puntos, en la única segunda vuelta de la historia reciente de Argentina. Su coalición no tiene mayoría en el poder legislativo. La sociedad argentina está muy dividida tras el autoritarismo de los Kirchner, que demonizaban y perseguían al que no pensaba como ellos. No hay que olvidar que intentaron acabar con la independencia del poder judicial y con la libertad de expresión en los medios de comunicación. Pero el peronismo está aún más fragmentado, como se pudo comprobar en la sesión del viernes pasado en el Congreso.

Se presentaron casi cien proyectos de ley con el fin de maniatar al nuevo Gobierno y los de Cristina tuvieron verdaderas dificultades para mantener la cohesión en sus filas. El presidente Macri ya ha designado a un gabinete con perfiles muy técnicos y con prestigio internacional para iniciar un ciclo de reformas que devuelvan la credibilidad a su país. La paradoja argentina sigue siendo que en pocos sitios hay más individuos con tanta brillantez y genialidad, preparación y talento, mientras que la creencia colectiva en su país está muy dañada.

La mayor parte del dinero privado está fuera y muchos ciudadanos, si pueden, se organizan para vivir como si fueran extranjeros en su propia tierra. La fase económica muy positiva por la demanda de materias primas ha pasado para toda la región latinoamericana. A falta de este viento de cola, el nuevo Gobierno debe recuperar la confianza de los inversores internacionales en Argentina, fortaleciendo la seguridad jurídica y atajando la corrupción. Ningún jefe de Estado no peronista ha llegado al final de su mandato en los últimos sesenta años. Macri aspira a a ser el primero en conseguirlo.