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La cuarta revolución industrial

En casi un siglo y medio -de 1870 al 2020- habremos llegado a la cuarta revolución industrial. Es una meta que causa muchos temores y preguntas inquietantes
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En casi un siglo y medio -de 1870 al 2020- habremos llegado a la cuarta revolución industrial. Es una meta que causa muchos temores y preguntas inquietantes. ¿Sustituirán las máquinas y los ordenadores al ser humano? Si asignamos el índice 100 al producto interior bruto Mundial (PIB) de la primera revolución industrial, en 1913 la segunda revolución industrial lo multiplicó 2,7 veces y en 1980 veinte veces. La cuarta revolución puede tener cifras abrumadoras (corregidas por la paridad del poder adquisitivo), pues el Grupo McKinse y la cifra en cientos de veces por encima de la de 1870.

Cuando las cifras nos deslumbran existe una cuestión obligada: ¿por qué la Revolución Industrial empezó en Inglaterra? En la conferencia anual de la Royal Economic Society, James Foreman-Peck y Peng Zhou señalaron que, por primera vez, afines del siglo XV se produjo una situación nueva. Las mujeres retrasaron su edad de matrimonio y lo hicieron en torno a los 25 años. Este aplazamiento redujo la fertilidad y aumentó sus habilidades y experiencia en los lugares de trabajo, lo que permitió luego que durante generaciones se acumulara el capital humano y la productividad. Los autores suponen que el control de la fertilidad y la planificación familiar contribuyen todavía hoy al crecimiento de los países en desarrollo. En los tiempos modernos, China experimentó este fenómeno, si bien las consecuencias de las políticas de un solo hijo no fueron las que se esperaba.

Su estudio, comentado por Financial Times, sostiene que el retraso en la edad en que las mujeres se casaban no sólo redujo el número de nacimientos sino que además les dio la oportunidad de que pudieran adquirir nuevos conocimientos en el mundo del trabajo. Una elevada proporción de mujeres solteras, de edades comprendidas entre los 15 a 25 años, dejaron sus hogares y empezaron a trabajar en establecimientos de su entorno. A diferencia de otras sociedades, en Inglaterra se dedicaron al trabajo y tuvieron menos hijos. Tradicionalmente, la mujer dejaba el hogar de los padres para pasar sin apenas transición al que sería su nuevo hogar familiar. Por primera vez se produjo una ruptura en los modos y costumbres de la sociedad. Al cabo de los años, el aumento de nuevas oleadas de trabajadoras contribuyó al crecimiento del capital humano y con los cambios tecnológicos y al alcanzarse una mayor productividad esos cambios dieron lugar a la primera revolución industrial. ¿Dependerá también de las mujeres la Cuarta Revolución de la industria?

Para muchos, entre otras cuestiones dependerá de que a igual trabajo tengan la misma remuneración.
Los investigadores se preguntaron por qué algunos países entraron en la fase de desarrollo y actualmente son ricos mientras que otros no lo hicieron y no han salido de la pobreza. Para encontrar una respuesta dirigieron sus trabajos al modelo de economía que tuvo Inglaterra cuatro o cinco siglos antes de que surgiera la Revolución Industrial. Aunque los salarios reales empezaron a aumentar a partir de esta, sin la contribución del retraso en la edad de matrimonio de las mujeres el estándar de vida de Inglaterra no habría aumentado en 1870.

Durante este período, la familia fue la principal institución para educar y dar formación a los futuros trabajadores. En Inglaterra, la educación no fue obligatoria hasta el año 1880. A principios del siglo XIX, pocos niños iban a la escuela de una manera regular y todavía eran menos los que permanecían en ella más de un año o año y medio. La disciplina en el trabajo y las habilidades que se aprendieron en los lugares de trabajo las transmitieron durante generaciones las familias. Gran Bretaña se convirtió en la fábrica del mundo.

En España, según el historiador Jordi Nadal, la industrialización empezó en Málaga, pero se malogró. En Catalunya, la industria nació en el siglo XIX cuando ya se había aprovechado la fuerza motriz de los caudales de los ríos y los motores de vapor revolucionaron la industria textil y se extendió la electricidad a principios del siglo XX. Al principio, la electricidad se generaba donde se producía; ahora la obtenemos de las redes. Lo mismo está ocurriendo con los ordenadores en la industria. Antes las empresas tenían potentes equipos y servidores para organizar los procesos de producción, reducir los costes de la logística y los inventarios. Ahora, cada vez son más las que hacen uso de las nubes de datos (del inglés, big data), ya sea para estar presentes en las redes sociales o bien para acumular la información que necesitaría el uso de grandes servidores.

En la cuarta revolución, la Industria 4.0 nació en las grandes empresas, pero se aplica también en las medianas. Un taller próximo a Barcelona mecanizaba piezas para el sector de la automoción. Las recibía de las fundiciones de aluminio inyectado y las mecanizaba y pulía, pero en la década de los noventa los robots y tornos de control numérico sustituyeron una parte de la plantilla por expertos en informática. Hoy en día la producción se ha digitalizado un paso más y produce piezas de alta precisión para una gran compañía gracias a los sensores que hacen posible la interacción de los técnicos con los robots. Para concluir, cada ruptura tecnológica produce pérdidas de lugares de trabajo en una primera oleada, pero se crean en otros sectores, con trabajadores más cualificados, como revela la experiencia de Alemania.