La bolsa lo descuenta todo
A la bolsa no se le escapa nada, pero no tiene memoria; para ella el pasado no existe y sólo cuentan los rumores de hoy y quizás los de dentro de unos pocos días, que a menudo disparan las compras y luego las noticias los confirman o desmienten. Durante años se dijo que es necesario comprar por el rumor y vender por la noticia. Desde julio del 2012, los analistas prestan una atención especial a las decisiones del Banco Central Europeo (BCE) y, para los que saben leer entre líneas, lo esencial son las respuestas que el gobernador Mario Draghi se reserva para la rueda de prensa donde los periodistas acreditados afilan sus preguntas. A ellos debemos muchas posibles orientaciones, porque los comunicados oficiales del comité de dirección del BCE podrían pasar por alto sin la sutileza de la prensa.
Este cambio de tendencia se debe a dos hechos. Estamos viviendo al son de las políticas de los grandes bancos centrales y sólo ellos tienen las llaves de la riqueza y el poder de intervenir para que la actividad no pierda el pulso. Cuando estuvimos al borde del colapso, cuando la quiebra del banco de inversiones Lehman en septiembre del 2008, fueron suficientes seis meses para que la todopoderosa Reserva Federal (FED) anunciara, en marzo del 2009, los buenos resultados de las pruebas de resistencia que había aplicado a los mayores bancos americanos, que representaban más del 60% de los activos del sistema, para que Wall Street recuperara la confianza y trazara la senda, con algunos altibajos, que nos ha conducido a un máximo histórico del índice Standard & Poors. Luego, la FED inundó el mercado americano con inyecciones crecientes de liquidez. Simbólicamente se dijo que los bancos y los fondos del mercado monetario ya no sabían qué hacer con los dólares que parecían caer como el maná y a precios nunca imaginados, fluctuando en torno al cero por ciento, hasta que posiblemente en pocas semanas, y por la mejora del paro de Estados Unidos, hasta situarse por debajo del 6%, la FED deje de comprar bonos del Tesoro con los que daba liquidez y contenía los tipos de interés (y alimentaba las ganancias de la bolsa)
Las bolsas europeas reaccionaron con la misma fuerza, pero la desconfianza en el euro no hizo posible que recuperaran los niveles de antes de la gran crisis. No obstante, en julio del 2012, en una rueda de prensa casi improvisada, el gobernador Draghi se sacó de la chistera la primera de una serie de sorpresas. Quizás siguió el Tratado de las pasiones de Descartes, para quien la pasión suprema es la sorpresa. Fue cuando dijo "se hará lo que sea necesario". Y no tuvo que hacerlo, porque los mercados creyeron que compraría deuda soberana de la periferia de la Zona Euro (mercado secundario) y las bolsas europeas iniciaron un nuevo camino que hizo posible que en el 2013 el Ibex 35 ganara más del 20%.Desde entonces hemos vivido de sorpresa en sorpresa. El 4 de septiembre ofreció a los bancos financiación a bajos tipos de interés y hasta el 2018, lo que animó al sector financiero en bolsa y luego aprobó nuevas medidas para dar más financiación a la banca y compañías de seguros mediante la compra de instrumentos financieros garantizados por tarjetas de crédito, pagarés y préstamos a pymes. Pero el día dos de este mismo mes decepcionó a todos.
Es difícil para un banco central acostumbrar al mercado a nuevas sorpresas, y las que anunció recientemente, en la reunión de Nápoles, son la disposición de comprar incluso deuda soberana de Grecia y Chipre(¿sin un nuevo rescate?). Presentó el programa para los instrumentos garantizados por activos que devenguen intereses, los ABS, y los "bonos cubiertos" o respaldados con activos solventes, hasta el año 2016. Las nuevas medidas fueron recibidas con temores. Los bancos tuvieron fuertes caídas en el Ibex 35 y cedieron por término medio más de un cuatro por ciento.
La demanda de préstamos de los bancos no fue la que esperaba el BCE. Italia y España, 82.600 millones de euros, cuando se había estimado en 400.000 millones. Los fondos tenían que financiar a la economía productiva y especialmente las pymes, pero posiblemente lo dejaron para diciembre, cuando ya hayan terminado las pruebas sobre la calidad de los activos de sus balances. El gobernador Draghi pretendía revitalizar la economía y, al propio tiempo, aumentar el balance del banco hasta los tres billones, el volumen que tenía a principios del 2012. El problema del BCE es que siempre ha permitido que la demanda de sus préstamos determinara el tamaño de su balance, en vez de fijarlo por sí mismo comprando activos. En cuestiones financieras, lo mejor para el BCE no siempre lo es para la economía real.
El euro tendrá tipos de interés muy bajos por largo tiempo, lo que es bueno para las acciones. Muchas grandes compañías españolas mejoran su cuenta de resultados cancelando la deuda que tenían a tipos altos y la cambian por bonos al 2,25%. Podrán pagar mejores dividendos y la bolsa, posiblemente, sea más rentable. Los bancos pagarán poco por los depósitos, una parte a un tipo fijo y otra variable vinculada al rendimiento de algunos valores de la bolsa, y ofrecerán fondos de inversión de gamas amplísimas. En Londres y Nueva York, las empresas acumulan tesorería y muchas compañías americanas recompran las acciones para dar más rentabilidad al accionista. Es difícil que nos llegue esta nueva moda, que no crea nuevos empleos.