Jaque a la dama
Bernie Sanders es el verdadero triunfador en las primarias más extrañas que se recuerdan en Estados Unidos. El anciano senador de Vermont sabe que, salvo sorpresa, no será el candidato demócrata, pero contra todo pronóstico ha conseguido apoyos y financiación para llegar hasta el final de su pugna con Hillary Clinton. Este excéntrico en un país en el que no hay socialistas es el otro catalizador del sentimiento anti-política, en paralelo a Donald Trump. A diferencia del magnate neoyorquino, el independiente Sanders no ha hundido y desprestigiado al partido al que se unió en 2015, solo lo ha escorado mucho a la izquierda. El problema es que al hacerlo pone en aprietos a la favorita del establishment, al presentarla como la voz de los intereses de Washington y obligarla a competir en propuestas populistas y proteccionistas.
Que Sanders siga sumando delegados sobre todo revela cómo es de vulnerable la candidatura de la ex secretaria de Estado. A sus setenta y cuatro años, disfruta de ser el favorito de muchos jóvenes que ya no compran el sueño americano y que se interesan por primera vez en unas elecciones presidenciales.
Sus críticos en el partido demócrata lo acusan de no estar ayudando a dar la verdadera batalla, frenar a Trump en la votación de noviembre, una vez que los republicanos han sido incapaces de hacerlo. Pero envuelto en sus convicciones espera hasta la Convención para contar delegados y admitir su derrota. El más que correoso Sanders hasta podría permitir que sus partidarios rodeasen este cónclave e hicieran un plante popular. Es un «outsider», un ilustre invitado pero no un demócrata. Disfruta de su momento de gloria antes de regresar al Senado y liderar al puñado de legisladores más favorables a la intervención del Estado en la economía. Otros activistas en su longitud de onda izquierdista, como Elizabeth Warren, profesora de Derecho de Harvard, han aflojado en sus críticas a Hillary y se concentran en movilizar a los suyos ante la amenaza de ver instalado en la Casa Blanca a un sincero admirador de Putin.