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¿Impuestos para los robots?

El fundador de Micro­soft, Bill Gates, lo plan­teó en la revista Quartz
La Vanguardia | | 3 min read

Un número creciente de trabajadores se ven desplazados por los procesos automáticos de las fábricas, y en el futuro incluso trabajadores cualificados serán sustituidos por robots. Si las empresas que los instalan pagaran impuestos por los puestos de trabajo que destruyen, las pensiones de jubilación -que ningún país ha resuelto- podrían cubrirse con los impuestos recaudados. En último término, cuando menos se reduciría el imparable pro­ceso de automatizar las fábricas y expulsar puestos de trabajo.

The Economist mantiene una posición opuesta. Las prensas automáticas son inversiones que contribuyen a reducir los costes y crean empleo, y no se paga impuestos por ellas. Basta con pagar impuestos por los bene­ficios. Otra cosa sucede cuando las empresas ganan márgenes extraordinarios, pues enton­ces se pone de manifiesto que existen ventajas por disfrutar de una posición abusiva de do­minio del mercado.

Bill Gates y su fundación están preocupados por el que puede ser un mal endémico de los países industrializados. ¿Cómo crear empleos para los jóvenes? Los impuestos que gravaran los robots podrían pagar los subsidios de paro de los trabajadores que pierden sus puestos de trabajo en el capitalismo moderno. Eso se planteó ya en el Parlamento de Europa.

Existen muchos tipos de robots. El hospital Vall d'Hebron anunció que gracias a la insta­lación de robots en ocho quirófanos consiguieron realizar operaciones simultáneas de cirugía menos invasivas y de mayor precisión. Evidentemente, estos robots no deberían pagar impuestos, y tam­poco los artificios elec­trónicos que se instalan a los enfermos crónicos que viven en muchos ayuntamientos de la Catalunya rural, pues registran las pulsaciones cardiovasculares y transmiten la tensión arterial de los pacientes a los centros de atención y a los médicos alejados de las pequeñas poblaciones. Japón envejece rápidamente y no admite inmigrantes, y por eso tienen ya robots para auxiliar a los enfer­mos incapacitados. 

En otro extremo tenemos los co-­ops, los robots que colaboran con otros robots, apren­den de los trabajadores humanos y terminan por sustituirles. Por ahora, sólo los ascensores funcionan solos. En Estados Unidos, un dirigente sindical visitó una fábrica de coches. El director de la factoría le mostraba con orgullo la cadena de montaje completamente automatizada por robots que soldaban los chasis y montaban las piezas. El dirigente sindical le preguntó al final de la visita: si no existen obreros, ¿quiénes comprarán los coches si nadie cobra salarios? Lo peor llegará cuando las pymes sustituyan una parte de la plantilla de trabajadores por un robot que se amortiza en pocos años.