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Financiar el tercer sector

La caída abrupta de las subvenciones, principalmente durante el 2012 y también a lo largo de lo que llevamos de este año, está afectando muy seriamente al tercer sector. Y en contra de lo que dice el refrán, después de la tormenta, no va a llegar la calma.

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La caída abrupta de las subvenciones, principalmente durante el 2012 y también a lo largo de lo que llevamos de este año, está afectando muy seriamente al tercer sector. Y en contra de lo que dice el refrán, después de la tormenta, no va a llegar la calma.

Según un estudio presentado por el Instituto de Innovación Social de Esade, la Fundació La Caixa y la Fundación PwC, la drástica disminución de los ingresos económicos de las oenegés y otras entidades del tercer sector puede llegar hasta un 33% en el 2016 en comparación con la cifra que tenían en el 2011.

El informe plantea otros escenarios algo más optimistas, pero todos auguran que estas entidades, ante una demanda social creciente, dispondrán de bastantes menos recursos de los que han tenido hasta ahora.

El sector es consciente de que debe conseguir un cambio significativo en su modelo de financiación. Es cierto que hay un grupo de organizaciones, tanto grandes como pequeñas, que tiene un portafolio de financiación adecuado para superar en buenas condiciones el contexto actual.

Pero los datos del conjunto del sector reflejan que su financiación se compone en un 70% de fondos públicos y el restante 30% de fondos privados. Y la casi totalidad del presupuesto de un número elevado de entidades depende de las administraciones públicas locales y autonómicas, así como de la estatal, que son las que más están recortando sus presupuestos.

Por lo menos dos requisitos son necesarios para que la financiación de una oenegé sea apropiada. El primero es la diversificación de sus fuentes de financiación para reducir el riesgo de depender de pocos donantes con características similares.

El reto actual para muchas entidades es compensar las subvenciones que ya no reciben por aportaciones de los ciudadanos, de grupos de la sociedad civil, de empresas, de fundaciones filantrópicas y de instituciones públicas internacionales.

También, cuando sea posible, tener fuentes propias de ingresos mediante la venta de productos o servicios, asociados a la propia actividad misional de la entidad o desarrollados específicamente para la captación de fondos.

Un segundo requisito para fidelizar a los futuros donantes es que se identifiquen con la misión de la organización. Lo fundamental para la oenegé es constituir una base social conformada por personas y grupos que crean en su causa y quieran contribuir a que su labor sea efectiva mediante el voluntariado, la colaboración en iniciativas puntuales o el activismo a través de las redes sociales.

Otra de estas formas sería la colaboración económica. Pero esta no tiene por qué ser siempre la fórmula inicial de colaboración.