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Europa se aparta del modelo bancario de Estados Unidos

Europa se aparta del modelo que contribuyó al crecimiento sostenido de Estados Unidos. Salieron de la crisis en V (caída y recuperación a partir del 2010), mientras que el de la zona euro fue en W (caída, recuperación, recaída y una lenta y débil recuperación).
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Europa se aparta del modelo que contribuyó al crecimiento sostenido de Estados Unidos. Salieron de la crisis en V (caída y recuperación a partir del 2010), mientras que el de la zona euro fue en W (caída, recuperación, recaída y una lenta y débil recuperación). Y en buena medida el fracaso de la eurozona se debe a las perversas y desproporcionadas medidas de austeridad y al insuficiente crédito.

En el Valle del Silicio, California, los ingenieros que aparcan su coche en una zona industrial no tienen que cambiar de parking si encuentran un nuevo empleo y los emprendedores no piden a los bancos comerciales que les financien sus inventos. Siempre encontrarán compañías de capital riesgo que participarán en el proyecto, en mejores condiciones y con más flexibilidad. En Europa, sólo Londres, Amsterdam y Munich tienen compañías similares.
En realidad, la banca americana financia solamente una pequeña proporción de las necesidades de familias y empresas, porque el mercado de capitales y las compañías financieras cubren una buena parte de la demanda de dinero. Eso no ocurre en Europa, excluyendo al Reino Unido; afortunadamente, la capital financiera de Europa no es Frankfurt, sino Londres.

Antes de la Gran Crisis, los bancos de Estados Unidos y Europa recibieron el calificativo de hermanos gemelos. Ocho años después las diferencias se agrandan. Los bancos europeos financiaron los préstamos con enorme recelo y, más tarde, con cierta desgana, dieron créditos contando con los generosos recursos del BCE; los americanos recurrieron a la bolsa y no los mantuvieron en sus balances como hacen los europeos, porque en cuanto pueden transfieren los préstamos a los mercados de capitales. El principio es muy sencillo: el riesgo que lo aguante otro porque, como la energía, el riesgo nunca se pierde; siempre se transmite.

En los primeros años de la crisis, los bancos americanos -y también los europeos- perdieron el 80% de su valor en bolsa, pero en marzo del 2009 la Reserva Federal de EE.UU. hizo las primeras pruebas de resistencia y los dioses, en su infinita generosidad, aparentemente favorecieron los resultados. La mayoría de los grandes bancos americanos, sobre los que todos tenían dudas, resultaron ser solventes y capaces de hacer frente a lo que quedara de la crisis. Wall Street lanzó cohetes y meses más tarde también lo hicieron las bolsas europeas. El índice Standard & Poor's 500, alimentado por las inyecciones de liquidez de la Reserva Federal, lleva casi siete años de máximos históricos. La eurozona, a partir de marzo, tendrá inyecciones de 60.000 millones de euros al mes, y quizás podría producirse un fenómeno parecido de ganancias en bolsa gracias al Banco Central Europeo y a la depreciación del euro. Los resultados están por ver. Si los bancos americanos tenían en el 2009 el 22% de cuota de mercado, en cuatro años alcanzaron el 31%, por encima de la que tenían antes de la crisis. En sentido opuesto, los bancos europeos perdieron la mitad de la cuota de mercado que tenían antes del 2007. En Bruselas se discutía si eran galgos o podencos, mientras la banca americana saneaba rápidamente sus balances y sus ingresos netos crecieron durante varios años. Los ingresos de la banca europea cayeron el 43% en los peores años de las discusiones estériles, hasta que el gobernador Mario Draghi pronunció la famosa frase en julio del 2012, precisamente en Londres, cuando pocos apostaban por el euro. Y se hizo el milagro, sin comprar ni un solo euro de deuda soberana en el mercado secundario, porque no podía hacerlo en el mercado de emisión. Y aquí paz y después gloria.

Según un estudio del Fondo Monetario Internacional, todas las crisis empiezan por una burbuja (de crédito y/o inmobiliaria), se extienden a la industria y terminan cuando se sanean las entidades financieras. Pero la banca no puede compararse con ningún sector de la economía real. Si cae la industria manufacturera arrastra a la industria auxiliar y las pymes son las primeras en perder empleo. Pero si bajan los ingresos netos de la banca y no mejoran las comisiones y las ganancias en bolsa, la economía puede colapsarse. Los bancos americanos ganan ingresos netos al ritmo del 13% anual y superan ya los que tenían en los peores años de la crisis, lo contrario de lo que sucede en la mayoría de bancos europeos.

Los dos bancos catalanes se alejan del modelo europeo y avanzan por la vía de la banca moderna. Generación de ingresos recurrentes, menor dependencia de las oficinas tradicionales y la implantación de plataformas informáticas. Transforman sus pasivos mediante la transferencia de cuentas fuera de balance hacia fondos de inversión que generan mejores comisiones, exigen menos liquidez, consiguen bajar el coste del riesgo (morosidad sobre créditos brutos a clientes) y posiblemente reducen también las necesidades de capital. De los dos, el más grande tiene la mayor dotación para Obra Social del Estado (quinientos millones de euros al año) y un banco que financia los microcréditos, fundamentales para los que realmente crean empleo, porque en ocasiones las grandes empresas no pueden hacerlo y reducen plantillas. Las inversiones en robots, según los estudios de McKinsey, hacen posible el aumento de la productividad y pueden amortizarse a corto plazo, lo que hoy está al alcance también de algunas empresas medianas. El aumento de las exportaciones no se debe al azar.

Para concluir, el crédito bancario en EE.UU. (excluyendo viviendas) lleva cuatro años triplicando el crecimiento del PIB real. En la zona euro, desde el 2011 disminuyó cada año hasta el último trimestre del 2014. ¿Cómo puede recuperarse la economía con políticas de austeridad fiscal y sin suficiente crédito bancario? Un corredor de fórmula 1 recordaba que conviene correr con el carburante imprescindible para reducir el peso del vehículo, pero cuando el aceite se agota, el motor se rompe. Es lo que ocurre cuando el crédito bancario no financia el crecimiento.