Enseñar las cartas
Ya a nadie duda de que el Gobierno de Syriza ha perdido dos meses y medio desde su llegada al poder, un tiempo político muy valioso. En vez de utilizar la legitimidad de las urnas y los primeros compases para obtener mejores condiciones en la financiación de sus rescates sucesivos, se ha dedicado a hacer gestos grandilocuentes o a veces insultantes hacia sus aliados, como la visita a Vladimir Putin o la reclamación de indemnizaciones de guerra a Alemania. Sobre todo, se ha transmitido a sus interlocutores en Europa y Estados Unidos la sensación de que los inexpertos miembros del Ejecutivo heleno carecen de suficiente preparación y de que no actúan conforme a un guión comprensible desde la lógica de la integración europea y sus reglas del juego. Mientras Alexis Tsipras y los suyos sacaban pecho, improvisaban gestos, hacían declaraciones contradictorias y prometían el advenimiento de una nueva era a su población, el reloj no ha dejado de correr y el dinero disponible en Atenas se está acabando.
El 24 de abril será la hora de la verdad: en la reunión de los ministros de Economía de la Eurozona que se celebrará en Riga el representante griego tendrá que enseñar sus cartas, tras una partida de póker jugada sin talento. Esto significa que el Gobierno de Alexis Tsipras debe proponer para esa fecha reformas concretas si quiere recibir la financiación correspondiente a la extensión del segundo rescate y así evitar que su país entre en el caos y salga del euro.
Dichas medidas rectificarían promesas electorales y decisiones recientes (como la mejora de las pensiones de rentas medias) y tendrían un alto coste político para el primer ministro. Hasta ahora, los borradores de reforma sometidos por Grecia a las instituciones europeas son confusos, ocurrentes e imprecisos y parecen inspirados en el vetusto lema «sed realistas, pedid lo imposible». Con estos mimbres, a los expertos de la Comisión y del Ecofin les resulta muy difícil ayudar a los que no se quieren ayudar a sí mismos.