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El agujero del infierno

Por lo menos, Trump ha dejado atrás su celebración del Brexit
Abc | | 2 min read

Donald Trump habrá encontrado en Bruselas a unos interlocutores más seguros de sí mismos de lo que cabía esperar hace pocos meses. De todos modos, el norteamericano aterriza en la capital de la UE, contento de poner distancia con Washington, los rusos, el presupuesto, la contrarreforma sanitaria y los congresistas, en un suma y sigue de malditas complejidades políticas. Ayer los responsables de las instituciones comunitarias se sentaron con Trump para exponer las verdades de la fe europea ante un profundo escéptico sobre cualquier modelo multilateral de relación entre Estados, por mucho que EE.UU. fuera esencial para el nacimiento de la integración europea. Por lo menos, Trump ha dejado atrás su celebración del Brexit o sus referencias a Bruselas como «un agujero del infierno». Su visión de la política internacional es tan lábil como errática, así que ningún dirigente europeo tiene expectativas altas sobre su visita. Nadie apuesta porque regrese a su país convertido en un campeón del libre comercio o de la lucha contra el cambio climático. Lo que le mueve al norteamericano son los pactos o «deals», conseguidos cara a cara en negociaciones en las que unos ganan y otros pierden. Esto puede servir para salvar partes del acuerdo transatlántico de comercio e inversiones, en el congelador, a cambio de un compromiso de aumento del gasto en defensa por parte de los miembros de la OTAN.

El encuentro central de Trump ha sido con Emmanuel Macron, el hombre de moda, con un inglés algo mejor que el léxico impulsivo y rico en expresiones infantiles del presidente americano. Sin duda el presidente francés le ha sugerido reconocer el papel central de Angela Merkel en la zona euro, que deja atrás su débil crecimiento bajo el imperativo de la consolidación fiscal y prepara su relanzamiento. Es la misma líder que fue ninguneada en la Casa Blanca por Trump, como han hecho con ella otros tantos y también en Alemania. La casualidad habrá hecho que Barack Obama sea recibido por Merkel en Berlín estos días, tan preocupado como los europeos por el futuro de la relación transatlántica.