Draghi se despide del Parlamento Europeo
Despedirse del Parlamento Europeo, después de dos mandatos como presidente del Banco Central Europeo (BCE), no es cosa fácil. Para el presidente Draghiera la hora de los agradecimientos por el soporte que tuvo en todo momento. Por eso les dijo a los parlamentarios, textualmente, “(…) Yo siempre he apreciado la habilidad de este Parlamento para reaccionar ante las demandas de los ciudadanos y el soporte que he tenido y las preocupaciones que han canalizado de una manera constructiva. Personalmente quiero darles las gracias por todo esto.”
El BCE es un banco complejo. No sólo por su magnitud, sino porque no tiene el acompañamiento integral de las necesarias Políticas Fiscales del conjunto de sus 19 países integrantes. Por no existir no tenemos un Mercado de Capitales unificado; tampoco una unión bancaria imprescindible y el presidente saliente siempre ha pedido un seguro subsidiario de los depósitos bancarios.
Todos deberíamos recordar que el presidente Draghi, cuando más baja era la confianza en el euro, desde Londres nos dejó aquella frase que nos devolvió el sosiego: “Se tomarán las medidas que sean necesarias”. Y no hizo absolutamente nada, porque podía haber comprado al día siguiente, en el mercado secundario o de negociación, la deuda soberana más castigada por los especuladores y que hacía más volátil al euro. Entre otras, la deuda de Reino de España, que pocos querían y por la que debíamos pagar más de tres veces lo que ahora nos piden para emitirla y venderla.
Cuando los economistas nos referimos a un proceso de desaceleración en la Zona Euro (ZE) indirectamente ponemos el acento en la caída de la demanda de exportaciones; el descenso de las inversiones (las privadas, por la incertidumbre; las públicas, porque no tenemos todavía un gobierno y los presupuestos generales que impulsen el gasto) y desde luego una disminución del consumo privado. Todo eso lo sabía muy bien el Presidente Draghi cuando en el Consejo de Gobierno del banco del pasado día 12 nos dijo que aumentaban los riesgos por el aumento de las políticas proteccionistas y que esto eran más preocupante para países como Alemania. Ante el Parlamento Europeo se refirió expresamente al caso de Alemania, pues representa el 28% del Producto Interior Bruto (PIB) de la ZE, pero contribuye con el 39% del valor añadido de las exportaciones de productos manufacturados. Por eso es el país donde puede producirse antes una desaceleración de la economía. Y advirtió que no podemos confiarnos, pues la aparente fortaleza del sector de servicios puede verse dañada por la caída de la demanda del sector exportador de manufacturas.
El presidente planteó ante los parlamentarios que cuando compareció por primera vez ante el Comité de Asuntos Monetarios y Financieros del Parlamento europeo, (11 de diciembre de 2011) el euro estaba sujeto a una fuerte inestabilidad financiera. La CE había caído en una segunda recesión y que en algunos momentos mostró los síntomas propios de una deflación, es decir, de una caída generalizada de los precios de bienes y servicios, como la que Japón ha padecido en dos décadas.
Insistió que siempre tuvo presente que por los Tratados vigentes su objetivo era conseguir que la tasa de inflación anual estuviera próxima al 2%, pero sin sobrepasarla. Sus políticas monetarias, a menudo objeto de críticas por los más contrarios a la compra de activos por parte del banco y de los que rechazaban los tipos de interés negativos a ultranza, permitieron la creación en pocos años de 11 millones de puestos de trabajo. Ante el Parlamento dejó muy claro lo que muchos bancos no aceptaron, es decir, pagar por depositar sus excedentes de liquidez en el BCE. Y menos cuando aumentó lo que deben pagar, al exigir del 0,40% al 0,50% (negativo). Pero ante los parlamentarios (y ahora algunos bancos ya lo reconocen) en el último Consejo de Gobierno introdujo unas tasas duales. Los bancos que cumplan los requisitos dejarán de pagar esas penalizaciones y además tendrán líneas de financiación a coste cero para las pymes. Para concluir, un mensaje de agradecimiento, pero también de aviso ante la desaceleración de la economía productiva. Por eso el BCE vuelve a las compras de activos de calidad y además recompra los que lleguen a vencimiento, con lo cual aleja los temores de los que temían que empezara a desprenderse de los activos acumulados desde el año 2014.