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Cambia la forma de colocar los ahorros

La zona euro, con la fuerza motriz de la industria alemana, anuncia una posible recuperación, pero bordeando el peligro de una caída general de los precios, favorecida por unos costes más bajos de la energía
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La zona euro, con la fuerza motriz de la industria alemana, anuncia una posible recuperación, pero bordeando el peligro de una caída general de los precios, favorecida por unos costes más bajos de la energía. En pocos días, el Banco Central Europeo (BCE) iniciará una compra masiva de deuda soberana, durante 19 meses, además de las compras a bancos y compañías de seguros que viene realizando desde septiembre, mediante activos que garantizan bonos privados. En Estados Unidos, estas medidas de inyecciones masivas -que se prolongaron durante más de seis años y medio- llevaron a máximos históricos a Wall Street. ¿Puede suceder lo mismo con las acciones de las bolsas europeas? Las dimensiones son distintas, pero no puede echarse en saco roto el paralelismo.

A lo largo de la crisis se recomendó que el sector privado debía reducir su endeudamiento, y quizás ahora con mayor motivo, porque si la deuda la acumula el sector público este podrá acudir a los mercados internacionales y pagar menos y con ello contribuir abajar la proporción de la deuda total sobre el PIB, dejando de lado el caso de Grecia, que tiene propuestas muy imaginativas, como cambiar la deuda pública viva por otra que está ligada al crecimiento de su PIB, aunque en Berlín se le recordó al ministro Varufakis que las promesas electorales no tienen por qué pagarlas los votantes de otros países de la zona euro.

Si las empresas ahorran más, con el estímulo de una tímida reforma fiscal, podrían aumentar las inversiones productivas y las colocaciones en la bolsa de valores, y las familias podrían aumentar el consumo -como sucedió en las compras de diciembre- y propiciar una mayor recuperación. Pero como escribió Paul Valery, el futuro ya no es lo que era.

Antes se compraba deuda soberana con la esperanza de cobrar los cupones (los intereses periódicos) y recuperar el principal al vencimiento o en el momento más oportuno. En toda Europa, y especialmente en el caso de la mejor deuda de la eurozona, se está produciendo un fenómeno inesperado: la gente compra bonos públicos y ya no espera cobrar intereses sino que paga por tener en cartera los títulos de Alemania y otros países. Equivaldría a un ahorrador que acudiera a su banco y le dijera que aceptase un depósito a un año y, a cambio, le pagaría al banco un interés del uno por ciento o más.

¿El mundo al revés? No necesariamente, porque los daneses tienen la suerte de tener una moneda propia, pero para no perder exportaciones la corona está vinculada al euro (del inglés pegged). Para su banco central es esencial que no se pierda esta relación y ante la avalancha de capitales que quieren estar en cuentas bancarias de Dinamarca ha bajado tres veces consecutivas lo que pagan por los depósitos, imponiendo tasas negativas. Aumentan los casos de tipos de interés negativos, como los que impuso Suiza para evitar las colocaciones masivas de capitales extranjeros en sus bancos. El que quiera especular con la fortaleza de la corona danesa o el franco suizo que lo pague. En vez de recibir intereses deberán pagarlos a los bancos depositarios. Eso se está extendiendo desde Singapur a los confines de Australia.

Dejando los casos de colocaciones especulativas como las descritas, en todos los bancos de Europa, de los más pequeños a los veinte mayores, se extiende una nueva estrategia: pagar cada vez menos por los depósitos que los clientes renuevan a plazo, con lo que mejoran su margen de intermediación, y en cuanto lo permiten los contratos cambian la estructura de sus balances. Disminuyen el pasivo -especialmente los depósitos a plazo- y los sustituyen por operaciones fuera de balance, es decir, por participaciones en fondos de inversión, que pueden generarles mejores comisiones y menores necesidades de liquidez y en algunos casos capitales.

Por el lado de las operaciones bancarias, durante algunos años los departamentos de extranjero y cambio de divisas se limitaron a financiar el comercio exterior. Esos bancos son esenciales para financiar las exportaciones, pero están viviendo las turbulencias de los mercados de moneda extranjera. Al fin y al cabo, estas representan más de mil veces el comercio mundial de bienes de un solo día. Cuando bajan los márgenes, las empresas americanas se endeudan para recomprar sus acciones en bolsa y especulan en los mercados de divisas. Las más arriesgadas practican el carry trade, o endeudarse en una divisa de tipos bajos y colocarlos en la divisa que pueda ganar valor, con o sin cobertura. Esos ingentes volúmenes de transacciones pueden explicar la volatilidad actual de los mercados de divisas.

Por fundamentales, si una hamburguesa cuesta en Nueva York un dólar y en Berlín un euro, deberíamos esperar una paridad de 1x1, según la regla del The Economist, oparidad del poder adquisitivo. Pero como este señala, las desviaciones son enormes y los ajustes se producen a largo plazo. Soros se enriqueció aprovechando esos desajustes y se cumple lo que John Galbraith señaló al comparar el vuelo de un moscardón con la economía americana.
El insecto no debería sostenerse en el aire, pero vuela. Lo mismo que ocurre con la economía de EE.UU, que aumentó la media de creación de empleo civil en el 2014 respecto al año anterior, y quizás siga mejorando y con ello se retrase algunos meses el esperado aumento de los tipos oficiales del dólar. Los futuros de estos para junio señalan una probabilidad de aumento en torno al cincuenta por ciento.

Para concluir: por la relación inversa entre precio y rendimientos de los bonos, las compras masivas del BCE pueden provocar curvas de rendimientos a la baja. Los ahorradores recibirán menos por sus depósitos bancarios en euros y las colocaciones imaginativas en divisas y las inversiones selectivas en bolsa darán mejores rendimientos. Pero a mayor rentabilidad mayor riesgo. Las divisas son un juego de suma cero y si el dólar gana otras tendrán que perder.