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Bienvenidos a Borgen

A partir de hoy, 'Borgen', la aclamada serie danesa de televisión, debería inspirar a nuestros políticos
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A partir de hoy, 'Borgen', la aclamada serie danesa de televisión, debería inspirar a nuestros políticos. En el castillo de Christiansborg en Copenhague, conocido como Borgen, trabajan los parlamentarios de distintos partidos y los miembros del Gobierno. Se encuentran en los pasillos, negocian, forman coaliciones e intercambian favores. Cultivan las relaciones personales y combinan el servicio al interés general con la búsqueda de su supervivencia política.

Todo ello ocurre sin que en ningún momento haya una formación política claramente ganadora a la que corresponda gobernar sin apoyos. La protagonista de la serie, Birgitte Nyborg, es una atractiva centrista que sabe tejer alianzas e ilusionar a sus conciudadanos. Sobre todo, tiene su ego controlado y practica un liderazgo reflexivo, con buenas dosis de autocorrección.

Los medios de comunicación piden cuentas al poder político y también fomentan buenos debates. Cuando la serie se estrenó en 2010, nadie sabía que anunciaba el futuro: un año después, Helle Throning-Schmidt llegó inesperadamente al puesto de primer ministro, respaldada por una coalición de partidos.

Pero para que este espíritu pactista y de fabricación continuada de consensos tan central en Borgen se desarrolle en España, es muy importante no cortar amarras con las dos referencias
básicas de nuestra política reciente. Más que nunca se debe poner en valor la obra de la transición y la participación plena de la democracia española en la integración europea. La sustancial pérdida de apoyos que han sufrido populares y socialistas puede llevar a pensar que es necesario hacer borrón y cuenta nueva. Pero los anuncios de nuevas eras y de condena del pasado que hemos escuchado durante estos meses son equivocados y peligrosos. Gracias a la Constitución de 1978 hoy tenemos una democracia avanzada, susceptible de ser reformada y capaz de evolucionar gradualmente.

El contexto europeo es asimismo fundamental para limitar los excesos adanistas de algunos nuevos políticos y la deriva populista y el radicalismo autoritarios de otros. Bruselas tiene tanto que decir como Madrid, y a veces más, en muchas decisiones básicas para la prosperidad y la libertad de los ciudadanos del Estado miembro español, que lo son también de la Unión Europea.

El ejemplo de Portugal es muy ilustrativo: el nuevo Gobierno socialista, que solo ha querido pactar con una extrema izquierda minoritaria, ha comprobado cómo su margen para incumplir los compromisos europeos es cero. La política lusa ha entrado en una fase de inestabilidad muy perjudicial hasta que se repitan las elecciones. De todos depende que el espíritu de Borgen cale en los pasillos del poder en Madrid.