Ante otra dama de hierro
La carta del adiós de Theresa May da comienzo formal a muchas otras cosas que no figuran en ella. La salida de la UE augura un ciclo muy largo de los tories en el poder. Jeremy Corbyn cuenta con el respaldo de los militantes pero navega muy escorado a la izquierda. Los liberales, europeístas sin publico suficiente, tardarán en volver a ser bisagra. Otra mujer, Nicola Sturgeon, la «premier» escocesa, pisa firme a un lado y al otro del conflicto, sí a salir del Reino Unido, y a volver a la Unión Europea. La primer ministro es el eje del Brexit, una dura maquinaria puesta en marcha para incertidumbre de todos, a un lado y al otro del Canal. En parte, sigue una posición táctica para embridar a su flanco antieuropeo. Pero su decisión responde a convicciones profundas. Su biografía es la de un político que no ha cambiado un estilo de poder. No cuestiona las decisiones tomadas por el órgano competente, hace los deberes y siempre cumple. Se rebela ante los juegos malabares de los que tienen ideas cambiantes. En ella resuenan la tenacidad, frugalidad y coherencia de Margaret Thatcher. Como la hija del tendero, ha llegado a lo más alto, a base de trabajo y pelea, tras una educación con un fuerte componente religioso.
Las dos líderes tuvieron que perder sendas elecciones en distritos de mayoría laborista para demostrar la lealtad con un partido remiso a reconocerlas como de los genuinamente suyos. May ha recorrido un camino mucho áspero que los graduados de Eton como David Cameron. A diferencia de Thatcher, May se ha dedicado a promover mujeres en la cámara y ahora en el gobierno, una causa desconocida para la otra Dama de Hierro, en 1979. En la gigantesca negociación que se avecina, la hija del vicario haría bien en vencerse a sí misma un poco. A pesar del plebiscito, no hay un supuesto mandato de desconexión completa de la UE. Sin esa flexibilidad por su parte, la Unión Europea muy difícilmente podrá responder con términos equilibrados y apaciguadores en una partida que acaba de empezar.