ESADE prevé que el crecimiento económico de los países desarrollados no superará el 2% de media en 2017
La mayoría de las economías desarrolladas crecerán por debajo de su potencial, mientras que los países emergentes volverán a registrar un crecimiento notable, especialmente la India y China. Esta es una de las principales conclusiones del último Informe Económico de ESADE, elaborado con la colaboración del Banco Sabadell y dirigido por el profesor David Vegara, en el cual se vaticina que la zona euro, excepto el Reino Unido y España, crecerá algo por debajo del 2 %, mientras que la economía japonesa tendrá más dificultades para recuperarse, pues se espera que crezca solo el 0,5 %. Estas cifras estarán estrechamente relacionadas con las consecuencias económicas del brexit y con la política monetaria de la Administración Trump, dos aspectos a los cuales el Informe Económico de ESADE dedica sendos capítulos, junto a otros temas de actualidad, como la economía colaborativa y la integración de la economía digital en el sistema económico clásico.
El informe elaborado por los profesores de ESADE prevé mayores crecimientos en los países emergentes que en los desarrollados. Estos últimos seguirán mostrando un crecimiento escaso –algo inferior al 2 %, incluidos los Estados Unidos–, mientras que los primeros crecerán por encima del 4,5 % –especialmente la India, con una cifra superior al 7 %– y China –cerca del 6,5 % Algunas economías con problemas en los pasados años, especialmente las del Brasil y Rusia, mejorarán ligeramente su situación.
En Latinoamérica, se registrará una evolución dispar. Algunas economías exportadoras de materias primas como las del Perú, Bolivia o Colombia crecerán entre un 3 % y un 4 %, mientras que las de Chile y México lo harán algo por debajo del 3 %. Otras economías presentarán una evolución peor: el Brasil saldrá de la recesión, pero crecerá probablemente apenas unas décimas, mientras que Venezuela y el Ecuador seguirán en recesión. Latinoamérica en general, y especialmente México, será una región bastante expuesta a las posibles políticas proteccionistas de la Administración Trump.
Inflación: de la teoría a la práctica
En consonancia con el ligero repunte de la actividad en las economías avanzadas, y con la recuperación de los precios del petróleo y de las materias primas, la tasa de inflación que empezó a repuntar en 2016 se situará este año muy cerca del 2 %, que es el objetivo de los bancos centrales. Este debería ser el caso de los Estados Unidos, del Canadá y de algunas economías avanzadas de Asia, como las de Corea del Sur y Australia. Algunas economías emergentes como las del Brasil, Rusia o Turquía, que tienen tasas de inflación que superan los objetivos de sus bancos centrales, verán cómo su inflación se modera en 2017, a medida que se desvanece el efecto de las recientes depreciaciones y que las medidas adoptadas por las políticas monetarias tienen efecto.
En Europa, solo el Reino Unido se situará por encima del objetivo, “en parte gracias a la depreciación de la libra esterlina, según el informe. Sin embargo, en la zona del euro, la inflación continuará a la baja después de alcanzar casi el 2 % en 2015. En todos los países de la zona euro caerá la inflación algo por debajo del 1,5 %, a excepción de algunas economías de la periferia, como las de España, Irlanda y Grecia, donde se puede superar ligeramente el 2 %, y las economías en desarrollo de la zona, que también superarán el 2 % o incluso el 3 %. El BCE deberá mantener sus medidas no convencionales de inyección de liquidez.
Los Estados Unidos y el Reino Unido, en el punto de mira
Según los autores del Informe Económico de ESADE, la economía americana probablemente experimentará una aceleración a corto plazo como consecuencia de la rebaja de impuestos, los incentivos fiscales a la construcción de infraestructuras y el aumento del gasto militar, lo cual repercutirá positivamente en la economía global gracias a la apreciación del dólar y al aumento de la demanda. Sin embargo, este efecto no tardará en diluirse, con la subida progresiva de los tipos de interés como consecuencia de un déficit público más elevado y del cambio de orientación de la política monetaria de la Reserva Federal (FED) hacia el proteccionismo. Otras medidas que Trump ya ha avanzado, como la introducción de aranceles, la retirada total o parcial de los Estados Unidos del Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) y una actitud agresiva en los conflictos de comercio internacional, pueden tener efectos contraproducentes a medio y a largo plazo.
La política fiscal estadounidense no será la única política expansiva de 2017. También en el Reino Unido cabe esperar un cierto estímulo ante el freno de la actividad derivado de la incertidumbre del brexit, y otros países, como la China o el Japón e incluso las economías emergentes de la India o Sudáfrica, también anunciarán nuevas medidas. En este sentido, los autores del informe recomiendan a los países desarrollados que “sus políticas fiscales tengan como objetivo tanto el apoyo de la demanda a corto plazo como el aumento del potencial de crecimiento, muy dañado a raíz de la crisis. “También deberían centrarse en la protección de algunos grupos vulnerables para contrarrestar los efectos de la crisis sobre la desigualdad. Otros objetivos también importantes para la política fiscal son, en opinión de los expertos de ESADE, el aumento de la inversión en I+D, la construcción de infraestructuras y la inversión en educación y sanidad. No obstante, las dudas sobre la viabilidad de la estrategia podrían llegar a eliminar buena parte de su naturaleza expansiva si los consumidores y las empresas deciden incrementar el ahorro, anticipando futuros aumentos impositivos. La Administración Trump debería clarificar lo antes posible su estrategia fiscal.
En el caso de la zona euro, el Informe Económico de ESADE vaticina una política fiscal neutral en el período 2017-2018, con una ratio de deuda pública que se reducirá gradualmente hasta situarse en una media del 87 % del PIB (frente al 90,3 % registrado en 2015). Esta reducción será posible, gracias la disminución de los tipos de interés, la aparición de superávits primarios en algunas economías y la reducción del déficit público. Algunas economías, sin embargo, siguen fuertemente endeudadas, lo cual limita su margen de actuación en política fiscal.