Ideas clave
→ El 29% de los hogares en España son unipersonales, algo por debajo de la media europea (37%) pero con una tendencia al alza en un grupo concreto: el crecimiento se concentra en los menores de 65 años, especialmente en el tramo de 35 a 45, que pasa del 11,2% al 13,1% entre 2022 y 2025.
→ La proporción de hogares unipersonales menores de 65 con dificultades para llegar a fin de mes ha escalado hasta el 30% desde 2020, mientras los mayores de 65 se mantienen por debajo del 20%.
→ Para los hogares unipersonales menores de 65 con renta baja, el coste residencial roza o supera el 60% de los ingresos en los grandes países europeos, muy por encima del umbral de sobrecarga del 40%: es la “prima de soledad”.
→ La asimetría generacional se refuerza por el régimen de tenencia: en España (e Italia y Portugal) una proporción muy alta de mayores de 65 son propietarios sin hipoteca, mientras los jóvenes se reparten entre alquiler y propiedad con hipoteca. En contraste, en Alemania o Países Bajos el alquiler es mayoritario de manera homogénea entre generaciones.
→ En España además la media de habitaciones de los hogares unipersonales supera las 4, frente a las 3 del resto de países europeos analizados, y el patrón se repite en todas las CCAA.
Vivir solo ya no es la excepción. En 2024, alrededor del 37% de los hogares de la Unión Europea eran personas que vivían solas sin hijos, el tipo de hogar más numeroso de toda la Unión. Como muestra el gráfico, España se aproxima a esa media con un 29% de hogares unipersonales, pero acumula una brecha de 13 puntos porcentuales respecto a Alemania o Francia. En cambio, en España el tipo de hogar más frecuente es el que Eurostat clasifica como “otros tipos”, que agrupa a dos o más adultos que no forman pareja (hijos adultos que conviven con sus padres o personas que comparten vivienda), un reflejo de las dificultades de emancipación. Aun así, el 29% es una cifra considerable y en ascenso.
Como ilustra el gráfico a continuación, en cinco de los seis países analizados los menores de 65 años son mayoría dentro de los hogares unipersonales, y España destaca como el único donde su peso ha crecido de forma sostenida en los últimos tres años. No se trata de un fenómeno marginal ni reciente: entre 2015 y 2024, los hogares unipersonales sin hijos crecieron en Europa un 16,9%, casi el triple que el resto de las tipologías (Eurostat, 2025). En España, el INE proyecta que para 2039 uno de cada tres hogares será unipersonal (INE, 2024).
Al desagregar por grupos de edad, el crecimiento de los hogares unipersonales se concentra principalmente en el tramo de 35 a 45 años, que pasa del 11,2% al 13,1% entre 2022 y 2025. Entre los más jóvenes, de 18 a 35 años, el aumento es menor —del 5,3% al 6,4%—, pero debe interpretarse en el contexto de las dificultades de emancipación que atraviesa este grupo en España. De hecho, solo un tercio de los jóvenes españoles estaba emancipado en el 2025, el mínimo histórico de la serie de la propia Encuesta de Condiciones de Vida. Se podría decir, entonces, que de los pocos que logran emanciparse, una parte creciente lo hace para formar un hogar unipersonal.
Estar solo multiplica el coste de la vivienda
Al desglosar por mayores y menores de 65, emerge una fractura que se repite en todos estos países europeos: en España, Alemania, Países Bajos y Francia, los hogares unipersonales menores de 65 años tienen sistemáticamente más dificultades para llegar a fin de mes que los mayores. En el caso de España, esta brecha tiene además una trayectoria preocupante: desde 2020, la proporción de hogares unipersonales menores de 65 años con dificultades ha escalado hasta cerca del 30%, mientras la de los mayores de 65 se ha mantenido por debajo del 20%. Este patrón no implica que los mayores estén exentos de vulnerabilidad económica, sino que los menores presentan una dificultad desproporcionada que merece atención específica.
Una parte importante de esta dificultad puede explicarse por el peso de la vivienda sobre los ingresos. Como muestra el gráfico siguiente, para los hogares unipersonales menores de 65 años con ingresos bajos —por debajo del 60% de la mediana—, el coste de la vivienda se acerca o supera el 60% de sus ingresos en los seis países analizados, muy por encima del umbral del 40% a partir del cual Eurostat considera que existe sobrecarga. Incluso entre los de renta alta, el esfuerzo ronda el 20-25%. Una característica estructural de los hogares unipersonales explica el diferencial : los costes fijos del hogar —alquiler, suministros, comunidad— recaen íntegramente sobre una sola persona, sin posibilidad de repartirse. La literatura denomina este fenómeno “prima de soledad”.
Sin embargo, en todos los países analizados, los hogares de renta baja menores de 65 años destinan a la vivienda una proporción de sus ingresos considerablemente mayor que los mayores, lo que refleja que la brecha generacional no es un fenómeno exclusivamente español. En España esta diferencia es especialmente marcada, lo que apunta a dos factores que se refuerzan mutuamente. Por un lado, el sistema de pensiones actúa como un estabilizador de rentas para los hogares mayores, reduciendo su vulnerabilidad relativa frente a los costes de vivienda. Por otro, como refleja el gráfico de tenencia, en España una proporción muy elevada de hogares mayores son propietarios sin hipoteca (la más alta de los países analizados junto a Italia y Portugal), lo que reduce o elimina directamente su gasto en vivienda. Los hogares jóvenes, en cambio, se reparten entre el alquiler de mercado y la propiedad con hipoteca, asumiendo costes corrientes elevados en un contexto de precios al alza y sin el colchón patrimonial que caracteriza a las cohortes mayores. Esta asimetría no es solo una fotografía del presente: quienes hoy son jóvenes-adultos en alquiler acumulan años de esfuerzo sin construir patrimonio inmobiliario, mientras quienes accedieron a la propiedad en décadas anteriores ven revalorizarse su activo: una “trampa intergeneracional de la vivienda” (EsadeEcPol, 2025). Conviene precisar, no obstante, que esta trampa no afecta por igual a todos: quienes cuentan con apoyo familiar o mayores ingresos pueden acceder a la propiedad y escapar de ella, lo que añade una dimensión de desigualdad interna dentro del propio grupo de menores de 65 años.
Viviendas sobredimensionadas
La escasez de oferta de vivienda agrava la penalización para los hogares de rentas bajas, en la medida en que obliga a muchos hogares unipersonales a costear viviendas cada vez más caras. Pero el problema no es solo de precio: es también de diseño. El parque residencial europeo fue construido mayoritariamente cuando el hogar tipo era una familia de varios miembros, y esa herencia sigue condicionando lo que hoy está disponible en el mercado. Los hogares unipersonales no solo pagan más por persona; en muchos casos pagan por espacio que no necesitan, porque la oferta de viviendas pequeñas y asequibles es estructuralmente insuficiente.
Los datos sobre el tamaño de las viviendas habitadas por hogares unipersonales ilustran precisamente esa desconexión entre oferta y demanda. Como muestra el siguiente gráfico, el número medio de habitaciones —definido por Eurostat como cuartos de uso exclusivamente residencial, excluyendo cocinas y baños— ronda las 3 en la mayoría de los países analizados. España constituye una excepción notable, con una media superior a 4 habitaciones, lo que sugiere que una parte importante de los hogares unipersonales españoles habita en viviendas sobredimensionadas respecto a las necesidades que podría tener un hogar unipersonal.
El desglose por comunidades autónomas confirma que el sobredimensionamiento es un patrón estructural que se repite en todo el territorio: en ninguna CCAA la media de los hogares unipersonales baja de las 4 habitaciones. La brecha respecto a otros tipos de hogar es además relativamente constante en todas las regiones, lo que apunta a un desajuste del parque residencial español más que a dinámicas locales específicas. Castilla-La Mancha, Galicia y Castilla y León presentan las medias más elevadas, mientras Canarias y Madrid se sitúan en el extremo inferior, aunque incluso allí el valor ronda las 4 habitaciones.
Vivir solo supone, en las condiciones actuales, una carga económica desproporcionada. El peso del coste de la vivienda sobre los ingresos, la concentración creciente en el alquiler, un parque residencial que no se ajusta a las demandas y las barreras de acceso a la propiedad configuran un problema estructural que trasciende las decisiones individuales. Abordarlo requiere actuar sobre la oferta:
- Orientar la nueva construcción hacia tipologías ajustadas a la demanda real. Mientras el parque residencial siga dominado por viviendas diseñadas para hogares familiares, los hogares unipersonales continuarán pagando por espacio que no necesitan.
- Facilitar la segregación de grandes viviendas en zonas de alta demanda. Incentivar fiscal o administrativamente la división de viviendas de gran tamaño (especialmente las de más de 150 m² en centros urbanos) permitiría ampliar la oferta de unidades pequeñas sin necesidad de nueva construcción.
- Aumentar la oferta de alquiler social o asequible específicamente dirigida a hogares unipersonales.
Referencias
Eurostat. (2025). Household composition statistics. Statistics Explained. European Commission.
Eurostat. (2025). Living conditions in Europe – housing. Statistics Explained. European Commission.
EsadeEcPol. (2024). Radiografía de la evolución de los patrimonios de los hogares en España. EsadeEcPol Brief.
Instituto Nacional de Estadística. (2024, 24 de junio). Proyección de hogares. Años 2024-2039 [Nota de prensa]









