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LA MOTIVACIÓN INTRÍNSECA: Decisiones con el cerebro y las emociones

Por Ceferí Soler

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Por Ceferí Soler

 

Un equipo deportivo inspirado por su jefe/entrenador momentos antes de salir a jugar su partido, o un equipo directivo en períodos antes de tomar una decisión ejecutiva de empresa, pueden tener lecturas similares desde la óptica de la motivación.

El entrenador, o en su caso el jefe/director, pueden utilizar diferentes instrumentos no financieros para motivar a sus equipos. En la película “Un domigo cualquiera”, el coach deportivo utiliza su estilo superpersonal y calienta los motores, los cerebros de su equipo. Intenta buscar y  localizar los puntos de contacto con cada persona (miradas intensas cara a cara) para elevar al máximo la capacidad de energía y motivación mental y emocional. 

Es interesante cómo el mundo del deporte profesional camina un paso por delante del empresarial en este campo, al potenciar las bases de  la inteligencia emocional de sus miembros para buscar el máximo esfuerzo y entrega. Ésta doble combinación cerebro/emociones bien aplicada logrará los máximos resultados de forma continua. Ésta fórmula, en épocas anteriores, se llamaba motivación intrínseca y es comparable con la motivación del emprendedor que cree con serenidad y firmeza en su proyecto de vida profesional.

Existen numerosas claves para motivar de forma intrínseca que influyen positivamente en el esfuerzo y la toma de decisiones:

La vida es cuestión de reconocer y estimular los pequeños detalles con el cliente y/o  con tu colega de equipo o bien con todos los miembros aunque sea más complejo.

- El valor de la disciplina para actuar con la máxima tensión en situaciones delicadas.

- Comprender y aceptar los errores cometidos sin intención y conceder el derecho a una segunda oportunidad.

- Estimular la identidad del equipo buscando  los pequeños detalles positivos de cada miembro, asegurando el  momento más idóneo. Es un trabajo muy artesanal pero significativo.

- Mantener la máxima tensión positiva para escuchar las necesidades del cliente o de cada miembro del equipo.

- Los  líderes confiesan con gran sinceridad que en los momentos vitales del encuentro o de la reunión con el cliente ellos no van a estar con el equipo. Es el momento de que cada quién juegue su rol dentro del mismo.

- Después de cada encuentro o negociación (ganada o perdida) hay que reflexionar sobre aquellos aspectos que nos han hecho sumar o restar puntos. Este momentum de retroalimentar qué ha ocurrido se está transformando en una fase fundamental para revisar las diferencias entre la planificación y la ejecución.

- Antes de jugar el encuentro o de finalizar la negociación, los miembros del equipo  deben analizar cualquier información de cada jugador contrario, de cada cliente que pueda resultar determinante para la jugada o cierre de cada etapa.

- Cada equipo debe presentar el máximo esplendor de las competencias para sumar juntos todas las  facultades/operaciones y estrategia de juego/o de negociación. Cada persona debe sentirse con un papel muy bien definido y atento a las nuevas oportunidades de cada jugada.

- Cada partido o negociación debe sumar en positivo porque ganar es vivir y perder es morir un poco cada vez. (Referencia Al Pacino).

- Aplicar una pasión superior , creer en tu equipo, porque todos juntos podemos vencer o convencer y ganar en la mayoría de las negociaciones.

- El compromiso de cada miembro debe ser absoluto, sin rendijas. Es una de las claves más dinámicas de aumentar o disminuir en según qué situaciones. El rol del jefe/entrenador es vivir con cada miembro su jugada, su negociación. Sentirse vinculados a los objetivos y a los resultados.

En el deporte de élite y en el mundo de las grandes organizaciones, la competitividad es extrema. Entonces, los tiempos de preparación de cada juego y de cada negociación son de gran relevancia.

El rol motivador es personal porque cada líder conoce a fondo cómo están sus jugadores o comerciales. Viven con inmensa intensidad lo que le está ocurriendo a cada persona en su rol y reconocen los jugadores que se pueden sacrificar en beneficio del equipo. Por ello deben encargarse de decidir cuál es la posición clave para cada uno.

Éstos jefes insisten siempre en cuidarse el límite  en las comidas y bebidas para estar en la mejor opción profesional.  Es indiscutible que los roles de mando, entrenador/jefe/capitán son el modelo de cada uno de los jugadores y comerciales. Cada miembro debe sentirse valorado para entregarse al máximo. No obstante, es posible que los mandos en determinadas situaciones tengan puntos de vista diferentes sobre quién debe estar en la primera posición o participar con el máximo de energía en cada tiempo de juego.

En este sentido no estoy de acuerdo con que para demostrar mi personalidad tenga que presentarme frente a mi equipo como una persona con historia triste, depresiva o semi-derrotada  (referencia Al Pacino) para que ellos puedan dar el máximo en momentos clave del partido. Ser transparente es una arma de doble filo porque no puedo saber cómo va a ser recibida una información tan personal en momentos frontera  (antes de salir a jugar al campo o negociar un contrato). Como ya comenté unas líneas atrás, sí es importante saber mirar a los ojos de nuestros colegas en la negociación o en momentos clave de cada jugada. Mirar con intensidad y pasión para compartir los momentos. Acompañar en determinadas situaciones conlleva el crecimiento del sentimiento de identidad o pertenencia.

Si yo tuviese que ejercer de entrenador o jefe le pediría al equipo plenitud de diálogo para conocer más de cada contrario, y generosidad a la hora de distribuir la información sobre el rival o cliente. Les requeriría tomar las decisiones clave conjuntamente, buscando el consenso y sentir las emociones con pasión, sin máscaras. Les suegeriría vivir las emociones de cada situación con inteligencia social e identidad de marca. No dejaría de recordarles que se quiten las máscaras sociales para caer bien a primera instancia y que eviten las zonas de confort, aunque a veces son inevitables cuando los resultados son positivos. Tendría en cuenta que el miedo es una emoción contagiosa, y que la solución pasa por comunicar en profundidad para averiguar las raíces de la situación y enfrentar de antemano las posibles dificultades.

Hay que estar alerta con clientes o rivales que ya conocemos, tenemos que adelantarnos a sus comportamientos ya que la capacidad de respuesta del contrario será siempre extraordinaria si estamos con la guardia baja. No menos importante es reconocer a cada uno su esfuerzo, tanto de forma individual como sus aportaciones al grupo. El líder debe ser  la persona más equilibrada en competencia moral  para dirigir equipos porque tiene un cerebro bien amueblado, en equilibrio permanente buscando la justicia equitativa en sus decisiones, motivado en conseguir resultados. Su criterio moral es lograr acuerdos en los objetivos y expulsar las obsesiones tóxicas de su entorno más competitivo, como el miedo a fracasar.

Cuando el poder del amor es más grande que el amor al poder, nuestro mundo de empresas será más atractivo para personas emprendedoras con talento para innovar. Porque el amor por el trabajo bien hecho es la energía que lleva a los empleados y jugadores de equipo a lograr resultados desafiantes.

 

* Sobre 'Un domingo cualquiera'

Un domingo cualquiera (Any given Sunday en su versión original), es una película estadounidense de 1999 dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Al Pacino, Cameron Díaz, Dennis Quaid, Jamie Foxx y James Woods, entre otros. En el film, de 150 minutos de duración, se retrata al equipo de fútbol americano de Los Tiburones de Miami, a las órdenes del entrenador D'Amato (Al Pacino) que, tras haber ganado dos campeonatos consecutivos, comienza a acumular derrotas. Además, el público escasea y los antiguos ídolos están en el ocaso de sus carreras, particularmente Jack Cap Rooney (Dennis Quaid), que, a sus 39 años, se aferra desesperadamente a lo poco que le queda como jugador profesional. Por otra parte, son frecuentes los conflictos con Christina Pagniacci (Cameron Díaz), la joven presidenta y propietaria del equipo.

Un domingo cualquiera es reconocida por su faceta motivacional. El discurso que el entrenador D’Amato ofrece a su equipo antes de afrontar el último partido, ha sido empleado en nuestro país por Quique Sánchez Flores durante su etapa de preparador como herramienta de estímulo para los futbolistas del Atlético de Madrid. 

 “Tres minutos para la mayor batalla de nuestras vidas profesionales, todo se reduce a hoy, o nos curamos como equipo o nos desmoronamos. Jugada a jugada, pulgada a pulgada, hasta el final. Ahora estamos en el infierno, o nos quedamos aquí dejándonos machacar o luchamos por volver a la luz. Podemos salir del infierno, pulgada a pulgada, yo no puedo hacerlo por vosotros, soy muy viejo. Miro alrededor y veo esas jóvenes caras y pienso que he cometido todos los errores que un hombre de mediana edad puede cometer (…).  En cada juego, la vida o el fútbol, el margen de error es muy pequeño, medio segundo más lento o más rápido y no llegas a pasarla, a cogerla. Las pulgadas que necesitamos están a nuestro alrededor, están en cada momento del juego, en cada minuto, en cada segundo. En este equipo luchamos por ese terreno, nos dejamos el pellejo por esa pulgada que se gana, porque cuando sumamos una tras otra, porque sabemos que si sumamos esas pulgadas, eso es lo que va a marcar la puta diferencia entre ganar o perder, entre vivir o morir. En la lucha, aquel que va a muerte es el que gana ese terreno, y sé que si queda vida en mí es porque aún quiero luchar y morir por esa pulgada, porque vivir consiste en eso (…). O nos curamos ahora como equipo o moriremos como individuos”.

La película ha recibido críticas diversas, pero en general destacan aquellas que la catalogan como confusa y con exceso de planos. A pesar de ello, se ha convertido en referente para equipos deportivos de todo el mundo y ha recaudado 100,2 millones de dólares.