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La maldición de los recursos naturales en África: ¿Corrupción y diamantes de sangre?

Recuerdo que la película me impactó. Mucho. He vuelto a verla hace unos días y el realismo de la grabación no creo que deje indiferente a nadie. El film cuenta cómo funciona el contrabando de piedras preciosas en Sierra Leona, durante la terrible guerra civil que sufrió el país desde 1991 hasta 2002.

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Recuerdo que la película me impactó. Mucho. He vuelto a verla hace unos días y el realismo de la grabación no creo que deje indiferente a nadie. El film cuenta cómo funciona el contrabando de piedras preciosas en Sierra Leona, durante la terrible guerra civil que sufrió el país desde 1991 hasta 2002.

Centrada en la corrupción, tanto dentro como fuera del país, la película muestra algunos de los estereotipos sobre África: recursos naturales, desgobierno, niños soldado, pobreza… Resulta llamativo cómo un continente de cincuenta y cuatro países se ve reducido a estos conceptos generales que poco o nada dicen de las particularidades de cada uno de estos cincuenta y cuatro estados. En “Diamantes de sangre” se muestra el expolio que hacen los gobiernos locales y empresas occidentales de los recursos naturales que “bendicen” las tierras africanas. Para muchos economistas, esta bendición, en realidad, puede convertirse en una maldición terrible que dificulta el desarrollo de los países, “ojalá no descubran petróleo aquí” llega a decir un aterrorizado anciano en la película.

Paul Collier, catedrático en la Universidad de Oxford, concluye que la “maldición de los recursos naturales” surge en países donde la fuerza de la ley es escasa o está ausente, la gestión de los recursos es ineficiente y la sociedad no exige cuentas a los que están en el poder. Si analizamos estas tres variables descubriremos con sorpresa que África no es un concepto unívoco, que la variedad es mucho más amplia de lo que nuestro escaso conocimiento y nuestro abultado acervo de prejuicios nos informan sobre el continente; en otras palabras, el cínico Danny Archer, al que interpreta Leonardo di Caprio, no pondera sus palabras cuando afirma “T.I.A., This is Africa”. ¿Eso es realmente África? No lo creo.

Vayamos primero a los hechos: de los veinte países más pobres del mundo, diecinueve están en África según datos del Banco Mundial de 2015. El PIB de África representa solo el 5% del PIB mundial. EE.UU. o China, son cinco veces más grandes que todos los países de África juntos. Las mayores economías africanas, Nigeria, Egipto y Sudáfrica, no alcanzan el trillion (billón español). Pues bien, junto a estas cifras, la otra cara de la moneda: de los diez países que crecen más rápido en 2015, cuatro son africanos: R.D. del Congo, Etiopía, Costa de Marfil y Chad, con ritmos que oscilan entre el 10,5 y el 8,5 por ciento anual.  El Este de África tiene comercio intra-regional que supera el 23%, al nivel del dinámico Sudeste asiático. África cuenta con 800 millones de usuarios de telefonía móvil y la banca móvil es excepcionalmente común. Por cierto, la reciente crisis del ébola afectó a tres países africanos que representaban menos del 1% del PIB del continente, durante semanas no se habló del 99% restante.

La primera variable de la triada de Collier es la “fuerza de la ley” y éste sigue siendo el talón de Aquiles de África: sólo 22 de los 52 países mejoran en estos valores (poder judicial independiente, seguridad individual y nacional…) desde la fecha en que se basa la película, 1999. Sin embargo, en este mismo periodo, otros indicadores muestran una evolución mucho más favorable: al menos 39 países han mejorado su participación ciudadana y niveles de derechos humanos; 45 han visto mejorar la estabilidad de su marco económico y otros 50 (sobre 52) han mejorado en desarrollo humano (educación, sanidad y bienestar). La frase que da comienzo a la película no puede ser más reveladora: “ve a la escuela para que puedas ser médico y no remedar redes como tu padre…”

El segundo lado del triángulo de Collier habla de una gestión eficaz de los recursos naturales. Para lograrlo se hace necesario un liderazgo fuerte y visionario. Los casos de éxito en esta materia empiezan a manifestarse: Botswana, con la creación de su Pula Fund en 1994, ha sabido racionar los ingresos que proporcionan, precisamente, los diamantes. Los esfuerzos del Nigeria Sovereign Investment Authority por gestionar con acierto la inmensa riqueza petrolera (ahora menguante por los bajos precios) es un ejemplo más de esta nueva oleada de iniciativas. El potencial que tienen estos fondos soberanos para moderar el impacto de la volatilidad del precio de las materias primas es fundamental, como ha ocurrido ya en Ghana, Angola o Argelia.

En tercer lugar, queda el fortalecimiento de la sociedad civil. Después de la oleada “democrática” de los noventa, África ha perdido cierto impulso. Sólo desde el continente nacen las iniciativas duraderas en la sociedad civil. La tecnología y los nuevos medios de comunicación social pueden servir de catalizador para los cambios necesarios que necesitan acometer muchas sociedades del continente. Cada una a su modo, cada una a su estilo. “T.I.A.”, repite Danny. Pero no hay una sola África. No hay una sola narrativa. Hablemos de las otras narrativas, contémoslas al mundo.

 

* Sobre "Diamantes de sangre"

Diamantes de sangre (Blood diamond) es una película estadounidense dirigida y producida por Edward Zwick, conocido por otros títulos como “Tiempos de gloria”, “Leyendas de pasión” y “El último samurái”. El del film hace referencia a los diamantes de guerra, piedras preciosas localizadas en zonas de conflicto y que sirven para financiarlos. Se estrenó en España en febrero de 2007 con un reparto encabezado por Leonardo DiCaprio, Jennifer Connel, y Djimon Hounsou. Drama, thriller y aventuras se entremezclan a lo largo de sus 143 minutos de duración con un guión de Charles Leavitt.

Ambientada en los años 90, refleja el tráfico ilegal de diamantes durante la guerra civil de Sierra Leona. Un grupo llamado la FRU (Frente Revolucionario Unido) luchaba por una supuesta democracia, su objetivo era impedir la participación ciudadana en las elecciones y en la política, cortando las manos de los civiles para que no pudieran elegir a los gobernantes.

Se centra en la historia de Danny Archer, un contrabandista especialista en piedras preciosas interpretado por Leonardo DiCaprio, y de Solomon Vandy (Djimon Hounsaou), un pescador nativo de la etnia Mende que enterró un diamante rosa durante la época en la que trabajó como esclavo para la FRU buscando estas piedras. Los destinos de ambos hombres se unen para buscar de forma conjunta el diamante escondido. Entre tanto, una periodista norteamericana interpretada por Jennifer Connely, está en Sierra Leona para revelar la verdad sobre este tipo de comercio. De esta forma, los tres personajes ponen en peligro sus vidas en la búsqueda de una oportunidad para realizar un cambio.

La película obtuvo cinco nominaciones al Oscar en 2006, incluyendo mejor actor (DiCaprio) y actor secundario (Djimon Hounsaou). El mismo año DiCaprio fue nominado al Globo de Oro como mejor actor de drama, y Hounsou recibió el National Board Of Review al mejor actor de reparto.