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Un brindis al sol canadiense

El Correo | | 3 minutos de lectura

La categoría de ‘Estado miembro asociado’ no existe en el Derecho de la Unión Europea. Hace unos meses Alemania la improvisó como una señal política de compromiso hacia Ucrania. Era un brindis al sol que sonaba muy bien y que no comportaba mayores obligaciones de defensa mutua ni aceleraba la adhesión. El Gobierno de Berlín se siente al borde de la guerra con Rusia y quiere estrechar lazos con el ejecutivo presidido por Volodímir Zelenski, pero no asumir más costes. Ahora, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ofrece esta entelequia jurídica a Canadá, un país de nuevo maltratado por Donald Trump. El primer ministro, Mark Carney, ha agradecido la idea de convertirse en el primer Estado miembro asociado de la UE, aunque duda de que las instituciones de Bruselas y los Estados miembros aclaren algún día qué hay realmente detrás del gesto de benevolencia.

El antiguo banquero central británico ha visto cómo su profecía en la reunión de Davos el pasado invierno se cumplía y se convertía en pesadilla: Canadá sufre la ruptura del orden internacional basado en normas y en diplomacia. Por ahora no encuentra a los aliados que necesita para hacer frente a la superpotencia con la que linda. Las ‘potencias medias’, en teoría dispuestas a socorrer todas a una a la siguiente víctima de la Casa Blanca, no aparecen cabalgando por el horizonte.

Carney no tiene madera de héroe y es un líder pragmático. Hace unos días estaba dispuesto a crear con Trump un mercado norteamericano que pusiera grandes barreras comerciales a los países terceros, también a los europeos. Sabe que carece de elementos de presión frente al unilateralismo agresivo de su vecino y se conforma con rentabilizar el choque de puertas adentro. La mayoría de la sociedad canadiense lo apoya, aunque también espera que proteja a su industria de automóviles y camiones y sus exportaciones de alcohol.

Para Canadá, la UE no es una alternativa viable y realista a Estados Unidos. El hecho de que la seguridad y la defensa del viejo continente dependa todavía hoy del buen funcionamiento de la OTAN limita enormemente las posibilidades de tejer nuevos lazos económicos y comerciales con la intensidad que evoca la idea de un ‘Estado miembro asociado’.

El acuerdo comercial entre la Unión Europea y Canadá está en vigor provisionalmente desde 2017, pero aún no ha recibido luz verde de diez de los veintisiete Estados miembros, Francia entre ellos. La manera de construir una mayor interdependencia y estrechar la relación con estos europeos de Norteamérica es completar en primer lugar dicha ratificación.