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Un Brexit volátil

El calendario corre en contra de los negociadores de Londres. Pero el desafío principal es otro, la falta de consensos claros
Abc | | 3 minutos de lectura

La salida del Reino Unido de la UE se está revelando como una operación de una complejidad mayúscula y plagada de incertidumbres. Basta con desgranar los retos de las sucesivas negociaciones para minimizar los daños de una decisión histórica que desgarra el alma de Europa. En estos meses se está abordando la primera tarea: pactar los términos del divorcio entre los británicos y las instituciones de Bruselas. La factura pendiente al marcharse, los derechos de los ciudadanos respectivos o el caso especial de la frontera con Irlanda del Norte son asuntos centrales. Una vez cerrada esta etapa se puede abrir la negociación sobre un período transitorio, para seguir aplicando en suelo británico las normas europeas al menos un par de años más desde final de marzo de 2019, la fecha oficial de la salida, sin que los británicos estén ya representados en el gobierno de Bruselas. Con este arreglo a la noruega, el Reino Unido evitaría perder el acceso al mercado interior y esquivaría una crisis económica.

Llegados a este punto, se podría por fin negociar un acuerdo permanente sobre sus relaciones con la UE, que abarcaría desde comercio hasta seguridad y defensa, una tarea política y diplomática de gran envergadura, que exigiría años. El calendario corre en contra de los negociadores de Londres. Pero el desafío principal es otro, la falta de consensos claros dentro del gobierno de Theresa May y entre los principales partidos en el Parlamento. La más importante negociación del Brexit tiene lugar a diario en el gabinete así como en las bancadas conservadoras y laboristas, con opiniones para todos los gustos. A pesar de que concierne a políticos de todos los partidos, el escándalo por la revelación de abusos sexuales está afectando especialmente al gobierno de May por su debilidad y podría quedarse en cuadro. La política inglesa se ha vuelto extremadamente volátil. La opinión pública empieza a ser crítica con la idea de marcharse de la UE sin volver a votar una vez se conozcan las consecuencias. Cuando se dibujen los términos iniciales de los pactos de salida puede suceder cualquier cosa.