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Un borrón en los tratados

El borrador que ha conseguido David Cameron es un borrón a los Tratados, con el que ya puede hacer campaña para la permanencia de su país en la UE
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El borrador que ha conseguido David Cameron es un borrón a los Tratados, con el que ya puede hacer campaña para la permanencia de su país en la UE. En la mejor tradición europea, se trata de un pacto inspirado en el pragmatismo, que vela por los principios y socorre a un gobierno en apuros.

Desde un punto de vista jurídico, se salvan los escollos en lo referente a la libre circulación de trabajadores. La retirada de beneficios sociales a los nuevos inmigrantes comunitarios será una excepción limitada y justificada por una situación de urgencia. Como mensaje político, muestra a una Unión asediada por los problemas, pero aún con capacidad de adaptación.

Lo que sí es un gran borrón es el referéndum. El primer ministro decidió convocar la consulta sobre una eventual salida de la UE para aplacar a los euroescépticos de su partido. Fue una manera de comprar tiempo, que al final ha resultado en divisiones profundas y un alejamiento de la democracia parlamentaria, pues lleva a romper el principio axial de un gobierno de gabinete con los ministros cada uno por su lado. Un contagio del populismo para tiempos de crisis plurales, que no se merecía el más grande, señero y flexible partido de Occidente.

Los laboristas con Jeremy Corbyn a la cabeza no muestran el menor entusiasmo por colaborar a resolver un problema creado por Cameron. La principal objeción que se le puede hacer al primer ministro es que confía demasiado en su buena suerte, capacidad de persuasión e intuición política. Con una maniobra táctica ha apostado el futuro de su país, sin estar seguro del resultado.

El nacionalismo inglés del UKIP ha conseguido desfigurar la historia de éxito que supone la integración para el Reino Unido y desterrar la racionalidad de los debates. Ni la identidad británica está amenazada por la integración ni la inmigración comunitaria es un problema de envergadura para su sociedad. David Cameron tiene hasta junio para dar la vuelta a un estado de opinión en el que los hechos y los datos apenan cuentan.