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Todos son flecos

Quedan pendientes un acuerdo sobre Gibraltar, así como cooperación en seguridad y defensa
ABC | | 2 minutos de lectura

Esta semana el Parlamento Europeo ha ratificado el acuerdo de cooperación y comercio con el Reino Unido. Podía pensarse que se cierra así cuatro años de negociaciones. La venerable democracia es ya un antiguo Estado miembro, una categoría nueva, sin significado hasta ahora. El Gobierno de Boris Johnson ha logrado salir del laberinto y firmar un tratado de retirada y un pacto para regular las relaciones económicas con la Unión. Pero la ilusión de haber izado el puente no es más que eso, una metáfora sin mucho contenido real ante las exigencias de seguir gestionando una interdependencia muy profunda. Londres ha elegido un modelo de ruptura y de conexión minimalista con Bruselas que lleva a una inestabilidad crónica. Se podría resumir diciendo que «en un Brexit semi-duro, todo son flecos».
De este modo, las normas aplicables a Irlanda del Norte, garantes de la libertad de mercancías en toda la isla, son rechazadas por los propios conservadores que las impulsaron, en claro desafío al derecho internacional. Los 'tories', convertidos en nacionalistas ingleses, también denuncian las nuevas barreras al comercio con la Unión, sin admitir que es la consecuencia lógica de haber elegido estar fuera del mercado interior. El 80% de la economía británica son servicios, pero no se han incluido con la UE en el acuerdo recién ratificado. En 2021 Bruselas y Londres buscarán un pacto sobre la protección de datos y tratarán caso por caso la equivalencia de servicios financieros. En este último capítulo, los representantes comunitarios tienen pocos incentivos para facilitar las cosas y favorecer a una devaluada City de Londres sobre plazas europeas como Amsterdam o Frankfurt. El acuerdo sobre Gibraltar entre la UE y el Reino Unido está pendiente, así como la cooperación en seguridad y defensa o en ciencia y universidades. El Brexit debilita la unión de los viejos reinos y el futuro de Escocia se ve con preocupación en las capitales europeas contrarias a los experimentos independentistas. En Bruselas hay un cierto alivio tras la salida del Reino Unido. El reto sigue siendo establecer una relación constructiva y no solo gestionar los innumerables flecos.