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'Summer is coming'

POR Álvaro Imbernón Sáinz, investigador del Programa de Riesgos Globales de ESADEgeo.
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Poder. Legitimidad. Autoridad. Soberanía. Identidad. Conceptos que marcan a disciplinas como la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales y que han servido argumentos de todo tipo a grandes obras, desde los clásicos griegos a Shakespeare. Hoy esa influencia también se advierte en la cultura popular, especialmente en las series de televisión. Entre todas destaca una: Juego de Tronos.
   
Juego de Tronos está inspirada en la Guerra de las Dos Rosas que enfrentó en el siglo XV a las casas Lancaster (Lannister) y York (Stark) por el trono de Inglaterra aunque también aparezcan en la serie elementos prestados de otras épocas como el Muro de Adriano, gladiadores romanos, el poderío comercial de Venecia o las hordas de mongoles. Todo ello aderezado con una gran brutalidad y dosis de fantasía. ¿Es posible sacar alguna lectura interesante entre decapitaciones, dragones y violaciones? Muchos consideran que sí es posible obtener lecturas válidas, ya sea para el caos de Oriente Próximo o la gestión de la crisis del euro.

La trama comienza con la muerte de Robert Baratheon rey de los siete reinos de Poniente. Su sucesión desata un conflicto en el que se derrumba el equilibrio de poder entre los distintos reinos dando lugar a un sistema internacional anárquico. Es un entorno hobbesiano de lucha descarnada por el Trono de Hierro encarnado por la frase de Cersei Lannister: "Cuando se juega al juego de tronos se gana o se muere. No hay puntos intermedios".  Ello recuerda a autores contrarios al pluralismo como Carl Schmitt “la diferenciación específicamente política es la diferenciación entre el amigo y el enemigo”.  Estaríamos así ante un juego de suma cero en el que las ganancias de cualquier actor sólo se producen a costa del resto.

La clásica escuela realista de Relaciones Internacionales aconsejaría una realpolitik de pactos y sometimiento de los más débiles guiándose por los intereses familiares sin atender a principios morales o ideológicos. Es precisamente lo que hacen los Lannister aliándose con los Frey para asesinar a gran parte de la familia Stark o con la casa Baratheon para derrotar a los Targaryen para después apoyarse en los Tyrell para luchar contra los Baratheon. Así, estas alianzas no tienden a perdurar. En Poniente no hay estructuras de seguridad regionales como la OTAN y sospechamos que en el ánimo de los Lannister no está la creación de entidades supranacionales como la Unión Europea. En cualquier caso, la casa Lannister descubrirá a lo largo de la serie que los gobernantes no siempre pueden ejercer el poder a su antojo, especialmente transgrediendo todo tipo de costumbres y normas éticas.
 
En el otro extremo nos encontramos con Daenerys Targaryen que pretende liberar  a los esclavos en tierra extraña gracias a la superioridad de su tecnología militar, es decir, sus dragones, auténticas armas de destrucción masiva. La cruzada de la Khaleesi recuerda a los argumentos neoconservadores de propiciar cambios de régimen en Oriente Próximo o en menor medida a los de la teoría de la paz democrática. En este caso los líderes locales tampoco están de acuerdo con sus intervenciones humanitarias y su “freedom agenda” para los territorios conquistados. La “madre de los dragones” no quiere liderar desde la retaguardia como Obama, concibe el mundo de forma maniquea (estás conmigo o contra mi) y cree en el excepcionalismo ya que se considera la elegida al trono por sus dragones. Todavía está por ver si su concepción del poder en términos morales y su poder blando para atraer a los desposeídos la catapulta al Trono de Hierro o si las contradicciones propias del imperialismo liberal le empujan a correr el destino de la mayoría de protagonistas de la serie.

La teoría de las Relaciones Internacionales encuadraría a Stannis Baratheon como un institutionalista ya que remarca su legitimidad sanguínea al Trono de Hierro. Así, preservar la sucesión dinástica (y por tanto las reglas) en un sistema monárquico sería más relevante que la fuerza bruta. Eddard Stark por su parte sería un liberal idealista que tampoco se guía por el mero interés de su casa y respeta los principios y las reglas. Ambos actúan con un cierto idealismo y tienen en cuenta a su entorno en el proceso de toma de decisiones. Una estrategia que no les depara un final feliz.

Llegamos a Jon Snow, comandante de la Guardia de la Noche. Esta orden militar tiene como misión la defensa del Muro del Norte del ‘Pueblo Libre’ y, especialmente, de las criaturas fantásticas que avanzan con la intención de invadir Poniente (Winter is coming). Jon comprende que ante un riesgo global de carácter sistémico, que supone una amenaza común a los siete reinos, son necesarios elementos de “gobernanza global” que aúnen esfuerzos cooperativos. La lucha por el interés propio ha hecho que los líderes de poniente se olviden de lo más relevante: su propia supervivencia.

La metáfora climática es especialmente acertada. Recientemente una encuesta de Pew Research se encontraba con que el 46% de la población mundial está muy preocupada por el cambio climático, situándose así como el mayor riesgo global. Pese al cambio de actitud de los gobiernos chino y estadounidense todavía estamos muy lejos de alcanzar un compromiso significativo a nivel mundial. Así, Jon Snow y su Guardia de la Noche se asemejarían al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC) ya que emite alarmas para concienciar de la relevancia de la amenaza que se acerca y trata de empujar la acción colectiva pero suele recibir buenas palabras y poco apoyo por parte de la comunidad internacional. Otros riesgos globales como el terrorismo yihadista de Estado Islámico o la crisis de refugiados también necesitan mayor compromiso por parte de todos. En la Conferencia de París sobre cambio climático en diciembre (COP21/CMP11) tendremos una buena piedra de toque. Esperemos que los líderes actuales sean capaces de comprometerse a largo plazo, sean más capaces de cooperar que los de Juego de Tronos y no se limiten a exclamar valar morghulis.

* Álvaro Imbernón Sáinz es investigador del Programa de Riesgos Globales de ESADEgeo y editor de Passim.eu. Twitter: alvaro_ims

Juego de tronos

“Juego de tronos” (Game of Thrones) se estrenó 17 de abril de 2011 en el canal estadounidense HBO. Está basada en la saga literaria “Canción de hielo y fuego” —“Juego de tronos” es originalmente el título de la primera novela—, que fundó el autor de ficción George R. R. Martin en 1996 y que narra el devenir de “Los Siete Reinos” en un escenario fantástico donde se pueden encontrar numerosas reminiscencias a la Europa de la Edad Media. Cada uno de estos reinos es dirigido por una casa nobiliaria diferente que, tras un breve periodo de paz entre ellas, aspira a ocupar el “Trono de Hierro”, símbolo del dominio de Poniente, el territorio no continental de este mundo imaginario. Una tierra, y sus gentes, influidos en muchos aspectos por estaciones meteorológicas extremas que duran décadas y sobre los que se ciernen varios años de crudo invierno. De aquí una de las frases más emblemáticas de la saga: “Winter is coming” [Se acerca el invierno].

Con el citado “Trono de Hierro” como principal reclamo, el espectador asiste cómplice a las múltiples intrigas, conspiraciones… ejecutadas por las diferentes dinastías, cuyos miembros se entrecruzan hábilmente en momentos clave de la trama. Estos personajes han terminado convirtiéndose en iconos de la cultura popular actual por su rol, cuyo ‘padre’ no duda en sacrificar cuando cree oportuno, tendencia que sin duda ha marcado camino a la ficción televisiva de los últimos años.

Al igual que las novelas, la serie “Juego de Tronos” tuvo un éxito instantáneo. Su audiencia se ha ido incrementando a lo largo de sus hasta ahora cinco temporadas, desde los  dos millones y medio de personas en su estreno hasta los ocho registrados durante el último capítulo emitido el pasado 14 de junio. En estos últimos cuatro años el proyecto estrella de la HBO ha cosechado, además, numerosos galardones. Un monto, al que se le suma el récord de 24 candidaturas a los premios Emmy cosechados este año, cuyos ganadores se darán a conocer el próximo mes de septiembre.

También cabe destacar que, aunque no es la primera vez que una saga literaria se lleva a la pequeña o  gran pantalla, en el caso de “Juego de Tronos” es singular. El rodaje de la versión televisiva ha terminado superponiéndose en el tiempo a la escritura de las novelas que adapta. Es muy probable que la próxima temporada, la sexta, se anticipe a la publicación del correspondiente libro, circunstancia que ha obligado a George R. R. Martin a pactar con los guionistas diferentes líneas argumentales para que mantengan la idea que éste tiene para el desarrollo de los diferentes personajes. Esta situación ha añadido mayor expectación sobre la grabación de la próxima entrega de capítulos, acerca de la que numerosos medios,  muchos no exclusivamente del sector audiovisual, ya han especulado.

Y es que el desembarco del voluminoso equipo de Mark Huffam y Frank Doelger , sus productores, se convierte cada año en todo un acontecimiento en las localizaciones que demandan los variados escenarios de la serie. Entre ellas se han podido encontrar hasta ahora Marruecos, Malta, Irlanda del Norte y Escocia. Países  a los que se le suma en 2014 España, más en concreto Sevilla —donde se recrearon los Jardines de Dorne, reino que se incorpora al quinto libro— y, el pasado mes de julio, Girona y Castellón. Una importante fuente de ingresos y, sobre todo, de imagen de marca-ciudad propio de las grandes coproducciones del Hollywood clásico. No en vano, “Juego de tronos” es considerada una de las series más caras y de mayor envergadura de la historia de la televisión.