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Sistema incompleto

El Periódico | | 3 minutos de lectura

Recientemente participé en el encuentro de Ametic, con una conferencia sobre innovación, competitividad y estado del bienestar. La innovación española no ha mejorado en una década. El modelo español (también el catalán) sólo despunta en algunos indicadores: incremento de un 90% de las publicaciones científicas internacionales entre 2010 y 2016, y de un 70% los nuevos doctorados.

Pero en las dimensiones de mercado, el sistema ha empeorado gravemente: han caído en un 38% las pymes innovadoras y en un 60% las inversiones en capital riesgo. La inversión agregada en I+D/PIB de las economías española y catalana es un 10% menor que en 2008. Se consolidan sistemas científicos de calidad aceptable (algunos, de excelencia internacional), sin que la economía apenas se beneficie de ello. Los colectivos investigadores, legítimamente, han intentado mantener sus presupuestos (que se han visto afectados por severos recortes).

Pero en los segmentos de transferencia tecnológica, los recortes han sido despiadados. En total, los Presupuestos Generales del Estado en 2017 contemplaban un esfuerzo en I+D del 54% respecto al de 2009 y una ejecución del 16% de lo presupuestado en 2009. Por ello, el talento generado no tiene opciones y se va. Sistema incompleto y descompensado. Alarma roja. Progresamos a duras penas en ciencia, pero no explotamos los resultados. La fotografía es la de un sistema productivo capaz de comprar o generar materia prima, pero que renuncia a procesarla. Y para ello se precisan acciones específicas.

Uno de los objetivos de cualquier programa económico competitivo es acelerar el cambio tecnológico, en todas las fases de la cadena de valor: generación, difusión y absorción del conocimiento. Sin inversión pública inteligente, no hay innovación disruptiva. Internet, el GPS o los microprocesadores son desbordamientos al mercado de inversiones en I+D públicas. Wired afirma que Barcelona es el quinto hub de start up de Europa. Entre las diez primeras, marketplaces, ecommerce de paquetería, viajes, habitaciones, empleo, o ads publicitarias. Gran paradoja e inmenso coste de oportunidad: sistema universitario e investigador líder, y start up de referencia que proceden de ideas de negocio desconectadas de la investigación, y sin tecnología propia.

Es urgente conectar y completar el sistema mediante políticas. Mientras, Singapur invierte 18 millones de euros en 250 start up deep tech surgidas de la universidad, Francia o el Reino Unido publicitan sus planes estratégicos nacionales de inteligencia artificial (dotados de más de 1.000 millones de euros cada uno), Portugal se alimenta de renovables durante un mes, o Japón estructura grandes consorcios de investigación para estudiar el futuro del transporte en vehículos-dron.