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¿Será el 2015 el año del crédito?

¿Qué nos ocurre en la zona euro? Aparentemente, sólo avanzamos cuando estamos al borde de una ruptura del sistema
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¿Qué nos ocurre en la zona euro? Aparentemente, sólo avanzamos cuando estamos al borde de una ruptura del sistema. En julio del 2012, el temor a una quiebra del euro condujo a los países del sur de Europa a pagar unos tipos de interés desorbitantes. Fue entonces cuando el gobernador del Banco Central Europeo (BCE) demostró que tenía la audacia de los que anticipan el futuro y que era un mago. En una conferencia de Londres dijo que se haría todo lo necesario para sostener la moneda. No tuvo necesidad de comprar deuda soberana y los mercados de negociación confiaron en su palabra.

En el Consejo Ejecutivo del próximo día 22, según todos los indicios, podría aprobarse una medida de inyección masiva, quizá hasta un billón de euros. El BCE podría aumentar un 50% sus compras de activos, entre ellos bonos soberanos, hasta llegar a tres billones de euros, cerca del 18% del PIB. El Banco de Japón hace lomismo, pero hasta el 45% del PIB y la Reserva Federal de Estados Unidos puede llegar al 22%, porque el pasado mes de octubre terminó su programa de expansión monetaria.

Puede parecer una expresión gratuita, pero es lo que está ocurriendo en Estados Unidos. En el tercer trimestre, el PIB del país creció a la tasa anual del 5%, pero el crédito bancario llevaba creciendo al 12,8%. No es la única condición, pero sin esas ingentes inyecciones de liquidez Wall Street no habría tenido más de seis años de alzas (Standard & Poor's), mientras llega el momento del alza de los tipos oficiales. Y me permito volver a la pregunta de antes: ¿qué nos ocurre en la zona euro La economía real sigue prácticamente estancada, si bien Alemania retoma el pulso y algunos celebran el crecimiento del PIB de España como una recuperación, como si el paro no existiera y el tirón no se debiera en buena parte a Catalunya. La liquidez mejora, pero el crédito bancario disminuye para el conjunto de la zona euro al ritmo del 1,1%, aunque peor estábamos en el 2013, cuando el crédito bajó un 2%.

El crédito bancario de Estados Unidos crece más del doble que el PIB. En la zona euro vamos en sentido contrario. Y la situación es sorprendente, porque los bancos europeos no saben qué hacer con la liquidez que desborda sus arcas. No pueden depositarla en el BCE, porque deberían pagar por ello y la mayoría de los bancos españoles devuelven al BCE la financiación a bajo coste que recibieron y les queda la oportunidad de invertir en deuda soberana, que rinde poco pero no tiene riesgo de impago.

Los bancos españoles suelen presentar argumentos sólidos. Según ellos, las empresas no tienen proyectos suficientemente atractivos para aumentar los préstamos, pues aunque la banca ha saneado sus balances y ha bajado la percepción del riesgo de crédito, siguen las dificultades para conseguir financiación en las condiciones adecuadas. En el caso de Catalunya, lo que importa es cuánto le cuesta el crédito a quien toma la financiación, porque tiene que pagar un margen apreciable. Para las empresas y cantidades por debajo de un millón de euros, mientras en Alemania cuesta menos del 2,6% anual, nuestras pymes pagan por término medio el 4,2%. Y a menudo las garantías no son comparables.

Cuando se trata de créditos a empresas por encima de un millón de euros, los bancos alemanes cobran el 1,6%; los españoles, por término medio, por encima del 2,8%, y de nuevo con dificultades en materia de garantías, proporción de la deuda viva sobre el margen bruto y otras cuestiones que dan pie a que las grandes empresas aprovechen la extraordinaria liquidez de los mercados de capitales, reestructuren su deuda y emitan bonos corporativos. Cuando pueden lo hacen a tipos de interés fijos, porque el 2015 va a ser un año volátil, y la renta fija variará casi tanto como las acciones en bolsa. El índice del miedo, que mide la volatilidad en la Bolsa de Chicago de las acciones americanas (del inglés Fear Gauge) apunta para el 2015 volatilidades apreciables, sin contar los efectos de la posible victoria en Grecia del partido de extrema izquierda, Syriza, que pretendía una reestructuración de la deuda sobreana y la revisión de las políticas de austeridad.

El BCE consiguió que bancos y empresas pudieran financiarse a tipos más bajos, en un mercado con abundante liquidez y mejores condiciones de emisión. Pero esa liquidez no siempre llega a las pymes, que son las que pueden crear un mayor volumen de empleo, impulsar las exportaciones y mejorar la balanza comercial. De nuevo es necesario recordar que hoy en día exporta quien da crédito.

No es poco lo que ha hecho el BCE para dar financiación a la banca. El consejo ejecutivo aprobó el 4 de septiembre un programa de compra de títulos emitidos por bancos de la zona euro y amparados por activos que devengaran intereses y estuvieran en los balances de las entidades financieras, bajo la condición de ser elegibles como garantía dentro del esquema de las operaciones del eurosistema. Se denominó ABS (del inglés, asset-backed securities) y podían ser comprados en el mercado primario o en el secundario.

En octubre se anunció el programa de compra de bonos bancarios garantizados por activos del sector privado o incluso el sector público. Los bancos pueden emitir cédulas y el BCE comprarlas tanto en el mercado primario como en el secundario. La calidad de los activos que garantizan los bonos debe ser como mínimo BBB o equivalente.

En resumen, según los expertos de fórmula 1 en un carrera se puede apurar el carburante, pero cuando se agota el aceite el motor se rompe. El Instituto de Crédito Oficial podría aumentar las líneas de crédito para los que crean empleo y evitar que se rompa el motor de las exportaciones.