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Salir a flote y retomar los deberes pendientes

El Periódico de Catalunya | | 5 minutos de lectura

Dejando a un lado el terrible impacto del Covid-19 sobre la salud pública, con la pérdida incluida de muchos miles de vidas humanas, el año 2020 será recordado como el de la mayor catástrofe económica en tiempos de paz que ha conocido la humanidad. El FMI pronostica un desplome del PIB mundial del -3%, el mayor desde la Gran Depresión de hace casi un siglo, mientras que la OCDE aumenta la caída hasta un -4,5%. En este contexto, el hundimiento de la economía española en el 2020 resulta especialmente dramático, puesto que tanto el Banco de España, como FUNCAS y la propia UE coinciden en una previsión de caída del PIB del -12%, la más severa de entre todos los países miembros de la UE y la OCDE. Esta extraordinaria vulnerabilidad debería ser objeto de una profunda reflexión.     

¿Qué podemos esperar y qué previsiones hay para el 2021? El Banco de España presenta una horquilla de crecimiento de entre el 4,1% y el 7,3%, cuya banda alta coincide con la última previsión de FUNCAS: un 6,7%. Esta recuperación, apoyada sobre las expectativas favorables de la vacuna y la llegada de los fondos del Plan Europeo de Reactivación, se irá afianzando a lo largo del 2021 y el 2022. No obstante, el terreno perdido desde el comienzo de la crisis no se recuperará por completo hasta el 2023.

Referente a la tasa de paro, tanto FUNCAS como el Servicio de Estudios del BBVA prevén finalizar el año entorno al 17%, cifra que podría crecer entre 3 y 5 décimas más en 2021. Esta relativa contención del desempleo se debe al papel atenuante que han tenido los ERTE, a las medidas de apoyo a los autónomos y a los mecanismos de flexibilidad interna de las empresas, principalmente el teletrabajo. Resulta importante destacar la gran heterogeneidad sectorial del paro, puesto que mientras algunas actividades han sido duramente golpeadas por la crisis (turismo, hostelería, pequeño comercio, etc.), otras presentan un dinamismo mucho más elevado (farma, alimentación).

Lógicamente, en este contexto las cuentas públicas presentan también un desequilibrio fuertemente acusado. Tanto el Banco de España como FUNCAS estiman que el déficit público se elevará hasta el 11 o el 12% del PIB a finales del 2020, mientras que podría bajar hasta el 8% en el 2021. Por su parte, la deuda pública se incrementará unos 20 puntos en el 2020, y se prevé una cierta estabilización entorno al 120% del PIB durante los próximos años.

Ahora bien, suponiendo que en el 2021 podamos sacar la cabeza del agua y comenzar a respirar un poco de aire fresco, la pregunta es: ¿Y ahora qué? ¿Cuáles deberían ser las prioridades? La respuesta es doble. En primer lugar, es fundamental optimizar la gestión de los fondos europeos del programa Next Generation UE. Y, en segundo lugar, es preciso retomar con convicción la vieja agenda de reformas económicas pendientes.

Respecto al excepcional paquete financiero europeo, España podrá recibir hasta 140.000M€ en forma de subsidios y préstamos, durante los próximos 6 años, y el 70% de estos recursos se asignarán durante el período 2021-2022. Por lo tanto, es prioritario que tanto el Plan Nacional de Reformas e Inversiones que deberá presentar el Gobierno en abril de 2021, como los proyectos que presenten los sectores privado y público, respondan a los 3 ejes fundamentales del Programa: transición verde, transición digital y reindustrialización, y alcancen un nivel de excelencia que permita optimizar la captación de recursos. Estamos ante una oportunidad sin precedentes y no la deberíamos desaprovechar.

Finalmente, hay que abordar de una vez por todas y con el máximo coraje político esa media docena de grandes reformas estructurales pendientes desde hace décadas. La reforma de las Administraciones Públicas, haciéndolas más eficientes, menos burocráticas y partidistas, y dotándolas de un sistema más robusto de incentivos, rendición de cuentas y evaluación de políticas públicas. La reforma del sistema fiscal, evitando penalizar la creación de riqueza y el emprendimiento, estimulando el dinamismo económico y luchando más eficazmente contra el fraude. La reforma del sistema educativo, para mejorar el nivel de formación de la población laboral, reducir los niveles de abandono escolar y favorecer el desarrollo y retención de talento. La reforma del mercado laboral, para conseguir acercar el nivel de paro a la media europea. Y, finalmente, la reforma del marco regulatorio para reindustrializar y atraer más inversión hacia sectores tecnológicos y de alto valor añadido.

En suma, nada nuevo bajo el sol, salvo el hecho de hallarnos ante una oportunidad histórica irrepetible para salir de la crisis del Covid-19 y, al mismo tiempo, conseguir una economía descarbonizada, digitalizada y más competitiva.