Río revuelto
¿Qué está sucediendo?
Acabada prácticamente la covid, estamos asistiendo a una recuperación económica extrañísima. Una inflación creciente, que debería ser temporal, pero que está durando demasiado. Unos costes de energía disparados en un entorno geopolítico que es cada día más incierto. Una crisis de componentes y costes de fletes que iba para tres meses y que se alargará hasta bien entrada la mitad del año. Una última ola de la variante ómicron que se antoja el principio del final, pero que, como toda traca final, habrá supuesto casi dos meses de nuevas restricciones sociales, las cuales tocan de pleno al barrio de la hostelería, la restauración y el turismo, tan importantes en nuestro país.
Cuando sobrevienen estas crisis, hay dos tipos de empresas. Las que están bien capitalizadas para resistir el temporal y las que llevan pocas provisiones a bordo, sea por las deudas o porque tienen pocos recursos propios y, además, contrataron a un exceso de tripulación. Ese tipo de empresas son auténticos caramelos, porque tienen clientes, tienen volumen, tienen capacidad, pero necesitan oxígeno financiero. De lo contrario, sucumben y cierran. Son negocios a los que solo hace falta dar cobertura, porque son viables, tienen potencial. Sencillamente, necesitan que alguien los sostenga temporalmente.