Artículos

Planeta Trump

Solo las divisiones entre los demás candidatos republicanos han permitido coronarlo
| | 2 minutos de lectura

Como era de esperar, Donald Trump ha aprovechado la convención de Cleveland para danzar sobre sobre la ruina moral del partido republicano. El candidato a la presidencia ha producido un cónclave bochornoso y plagado de odio, en el que los gritos de «Hillary a la cárcel» se han oído más que cualquier argumento para votar por él. Los pesos pesados del partido han evitado acudir a esta cita, salvo Paul Ryan, que ha vuelto a reiterar la importancia que seguirá teniendo el poder legislativo, como contrapeso a la Casa Blanca, y Ted Cruz, que ha asistido para desafiar a Trump y pedir que se vote en conciencia.

El jefe de campaña del magnate confesaba al principio del cónclave que nunca habían pensado llegar tan lejos cuando lanzaron esta candidatura. Posiblemente les hubiese bastado con llamar la atención, ganar mayor visibilidad nacional y mejorar así los ingresos de los negocios inmobiliarios y televisivos del empresario. Ante el huracán del Brexit, Trump ha reaccionado diciendo que es una buena noticia para su campo de golf en Escocia. Anteayer puso en cuestión el cumplimiento de las obligaciones de defensa colectiva entre los miembros de la Alianza Atlántica, alineándose con la visión hiper-nacionalista de Vladimir Putin. Solo las divisiones entre los demás candidatos republicanos han permitido coronarlo.

Es fascinante comprobar cómo alguien que vive aislado en su propio planeta, un mundo sin civismo ni reglas, un concurso de televisión perpetuo construido sobre transgresiones e insultos, ha conseguido conectar con buena parte de la base republicana. Los partidarios de Trump, la gran mayoría blancos de clase media o trabajadora, tienen miedo del futuro y están indignados con las elites del país. Hillary Clinton es percibida como la mejor representante del mundo que rechazan. Por eso el campo demócrata debe contar a fondo con su mejor activo en la campaña, el presidente Obama, y no puede bajar la guardia. Ni siquiera sabiendo el poco apoyo que cosecha entre las minorías raciales y las mujeres Donald Trump, el único habitante de su propio planeta.