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Más allá de los aplausos

ABC | | 2 minutos de lectura

Washington ha recibido con entusiasmo a Volodímir Zelenski, el héroe que lucha por la democracia en la frontera más peligrosa del planeta. La reunión con Joe Biden, volcado con su huésped, y la invitación tan especial a pronunciar un discurso ante las dos Cámaras proporcionan apoyo moral a una Ucrania que afronta un invierno durísimo.

Vladímir Putin no ceja en su empeño de dar la vuelta a un conflicto en el que ha cometido un error estratégico tras otro. Su única idea es resistir mejor el daño que el contrario, un ejercicio terrible de desgaste y paciencia. Pero de los atronadores aplausos a Zelenski a mantener e incluso multiplicar el respaldo efectivo a Ucrania hay un trecho.

Tras las elecciones legislativas de noviembre la mayoría republicana de la Cámara de Representantes buscar limitar la enorme discrecionalidad que la Constitución de Estados Unidos proporciona al presidente en materia de política exterior y defensa. Los conservadores no están dispuestos a firmar un cheque en blanco a Biden para financiar y armar sin límite a Ucrania. El aislacionismo ha estado siempre presente en la historia norteamericana desde que George Washington aconsejó en su discurso de despedida no tener alianzas permanentes en ninguna parte del mundo.

Tanto Barack Obama como Donald Trump entendieron desde ideologías muy distintas que su país no podría seguir siendo el policía global, una inercia que costaba vidas, votos y millones de dólares. Por eso, en su cuidado discurso Zelenski ha recordado con toda solemnidad que esta guerra decidirá el futuro de la seguridad colectiva y no solo el destino de los ucranianos. Sobre todo, ha apelado al interés nacional de Estados Unidos para seguir recibiendo su decisivo apoyo, en vez de desplegar una visión cosmopolita y atractiva sobre un nuevo orden mundial basado en valores atemporales. Un primer borrador de plan de paz está ya encima de la mesa, pero antes de considerarlo Zelenski exige la retirada total de los invasores rusos. Hace unos meses debatíamos sobre la fatiga europea en el apoyo a Ucrania. Más grave, sin embargo, puede llegar a ser el titubeo norteamericano.