Liderazgo presidencial
El profesor Jose Luis Alvarez ha escrito el primer estudio sobre los cinco presidentes españoles desde 1976 en el que, con mirada desapasionada, analiza el desempeño de cada uno en clave de liderazgo y de gestión del poder y la influencia. En el número 147 de Nueva Revista, editado por Carlos Aragonés, Alvarez avanza un apasionante resumen de este libro, “Presidentes de Gobierno españoles: personalidad y oportunidad, claves del liderazgo político.
Parte de un dato con frecuencia poco subrayado, el hiperliderazgo presidencial que resulta de nuestras normas y prácticas políticas. Centra su análisis en cómo reaccionaron los distintos presidentes a las diferentes contingencias que les tocaron en suerte y distingue entre retos técnicos y retos estructurales. Para José Luis Alvarez, el caso de Adolfo Suarez es especialmente fascinante, un líder transaccional, volcado en solventar problemas operativos, a través de la negociación y la seducción, con un mérito táctico excepcional.
Pero su virtuosismo transaccional se agotó de tanto usarlo y una vez consiguió sus objetivos se convirtió en prescindible. Leopoldo Calvo-Sotelo se enfrentó a una situación imposible por la descomposición de su partido, y aún así ejerció el poder con estilo y diligencia, en la mejor tradición de un alto servidor del Estado. En la narración del libro, Felipe González es el político con mayores capacidades personales (comunicación, atractivo…). Tuvo a su favor contextos con retos apropiados para convertirse en el único presidente español con objetivos transformadores (como el ingreso en las Comunidades Europeas).
Alvarez lo califica en sus dos primeras legislaturas como “transformador institucional, en contraste con el resto de su presidencia. José María Aznar se propuso ser transformador, con un “liderazgo de verdad, desde las convicciones. Pero Alvarez señala que los contextos que le tocaron fueron poco retadores –la transición ya estaba culminada.
Aznar en esta interpretación buscó grandes retos en la política exterior, tanto en Europa como en las relaciones transatlánticas. Si hubiese conseguido que su sucesor político triunfara en las elecciones de 2004, se habría convertido en el líder indisputado de la historia presidencial del país. José Luis Rodríguez Zapatero aparece a continuación como el político que llega al poder con poco programa y nulo reconocimiento personal.
Sus iniciativas domésticas provocaron una fuerte reacción del PP y las internacionales tuvieron algo de “quijotismo de izquierdas, en palabras de Enric Juliana. La mayor crisis económica le encontró sin ideario en materia económica e hizo política de resistencia.
Ante un cambio radical del entorno, los presidentes difícilmente pueden cambiarlo o transformarse a sí mismos para adaptarse al mismo. El presidente Rajoy llega a la Moncloa sin un proyecto de transformación de la realidad, pero en su haber ya consta haber parado el deterioro económico del país. Alvarez señala que el futuro juicio sobre su liderazgo, no obstante, dependerá de cómo organice a su partido para los desafíos a la salida de la crisis y del reto independentista desde Cataluña.